Alfabetización mediática: la única vía para salvar el periodismo

O por qué es urgente que la sociedad recuerde qué es el periodismo

Storybakers:

De seguir así no habrá periodismo que alcance. La sociedad requiere de ejercicios constantes que le recuerden el valor del periodismo. Han sido demasiados años de libertinaje en redes. De estar expuestos a todo sin explicación alguna. De consumir un contenido y otro sin que para ellos sea evidente la diferencia. El buffet ha sido tan grande que la audiencia ha terminado empachada, incapaz en grandes porcentajes de distinguir entre aquello que por su metodología, profundidad y naturaleza es periodismo y lo que, en efecto, como hoy tiende a asegurar sobre aquello que no corresponde a sus ideologías políticas, representa un claro esfuerzo por desmerecer la causa que defiende.

Dos hechos marcaron el fin de semana mexicana. Los dos con síntomas preocupantes para el periodismo y para la sociedad, tan relacionados que cuando operan sin atender al otro, acaban debilitados.


1) ¿Debe el tuit de un propagandista convertirse en nota?

El primero habla del escaso criterio que los propios medios tienen para decidir lo que es periodismo. Epigmenio Ibarra, productor de televisión íntimamente ligado al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, argumentó fraude de Margarita Zavala, esposa del ex presidente Felipe Calderón y diputada federal electa por más de 40 mil votos de diferencia tras los comicios intermedios.

Para los medios, el tuit de Ibarra, un fanático declarado de la autollamada Cuarta Transformación, y quien además ha sido beneficiado por un préstamo gubernamental de 75 mil dólares, justificó la realización de miles de notas (la búsqueda “fraude Margarita Zavala” arroja 428 mil resultados) amplificando lo escrito por Epigmenio, quien en realidad no era más que un ciudadano cualquiera emitiendo su opinión en redes sociales.

Si bien minutos después del tuit de Ibarra el candidato derrotado por Zavala, Javier Hidalgo, salía a reclamar un supuesto fraude con un tuit ambiguo respecto a su concepto de fraude y cinco días después de las elecciones, para los medios el detonante de una nota fue la publicación de un posteo por parte de un fanático del gobierno, no de la autoridad electoral, no del gobierno en sí mismo, no de los principales dirigentes de Morena, no en primera instancia del candidato derrotado.

¿Un tuit de un propagandista es suficiente para desatar una teoría sin pruebas desde los medios de comunicación? ¿Deben escalarse las “hipótesis” sin validar que cualquiera emite desde sus redes sociales? ¿La popularidad de un ciudadano obliga a los medios a ser portavoces de lo que a ese ciudadano viral se le ocurra pronunciar? ¿Se vale priorizar lo que genera visitas antes que el ejercicio periodístico? ¿Es suficiente con deslindarse de esa teoría citando quién fue el autor de la misma?


2) No importan los hechos, importan las creencias

Un día después, el domingo 13 de junio, la atención se concentró en una investigación elaborada por el New York Times que apunta al entonces jefe de gobierno y hoy Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, y a Carlos Slim, propietario de una de las constructoras del proyecto. como principales responsables del colapso de la línea 12 del metro de la Ciudad de México que provocó la muerte de 26 personas.

En el reporte participaron ocho periodistas que para su elaboración acudieron a documentos oficiales que sustentan las irregularidades en la construcción de una línea que a un año de haber iniciado operaciones registraba ya un desgaste propio de una que hubiera operado por diez años, a miles de fotografías del siniestro y a que éstas fueran analizadas por expertos internacionales para que emitieran un veredicto.

Por obvio que parezca, a todos esos factores, respaldados además por los múltiples incidentes previos que llevaron a que Ebrard se exiliara en Francia para blindarse de un potencial proceso legal en su contra, se suma el que ese reportaje sea firmado por el New York Times, el medio más prestigioso del mundo, lo que tendría que sumar para dar credibilidad al reporte. Pero en la práctica, aunque para medirlo con precisión haría falta un sondeo en toda forma, no fue así: la gente ha dado a esta nota la misma credibilidad o falta de ella que habría dado a una nota regular, firmada por un medio cualquiera en México.

La reacción de Ebrard, como la de Claudia Scheinbaum, alcalde de la Ciudad de México, ha ido por la misma línea de siempre: se acusa una campaña en su contra. Aplica lo mismo para el New York Times, que para The Economist o para cualquier medio mexicano. Nada de lo dicho es cierto. Todo está desvirtuado. La razón de ser una historia se fundamenta en los intereses ocultos de los medios, no en los hechos en sí mismos.

De los comentarios que abundan en redes sociales, hemos de señalar lo siguiente:

1) Las descalificaciones viajan como los memes: el principal argumento en contra de la investigación del New York Times es invalidarlo por no haber realizado el mismo trabajo en torno a los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York.

Ese argumento, que además omite las diferencias entre la naturaleza de uno y otro suceso para ser investigado, tuvo un origen desconocido, pero viajó con la misma viralidad que un meme para convertirse en uno abrazado por muchos. Para descalificar no hace falta más que alguien que encienda la mecha para que otros decidan montarse en el mismo fuego sin más razonamiento de por medio que encontrar palabras que defiendan la causa en la que ellos creen.

Las redes sociales propiciaron que la emisión de un juicio rara vez se produzca desde el razonamiento personal. Si en la época de los impresos, por ejemplo, una persona veía un noticiero o leía un diario para entonces construir una opinión y después socializarla en pláticas con amigos y conocidos, ahora el juicio de terceros puede ocurrir antes que el consumo de la noticia. Es más, la gente puede emitir una supuesta opinión propia valiéndose de lo que otros han escrito aún sin haber consumido por cuenta propia la historia.

Para descalificar no hace falta más que una chispa. Una vez encendida, los fanáticos de causas se encargarán de hacer una hoguera. Es la descalificación al periodismo funcionando con la efectividad de los memes.

2) Si un reporte periodístico es verdadero, descalifica al mensajero: la clase política ha encontrado el modo de blindarse a partir de la descalificación sistemática del ejercicio periodístico. A estas alturas, en sociedades tan polarizadas como las latinoamericanas, los gobernantes han convencido a sus audiencias de que detrás de los contenidos publicados por los medios hay siempre intereses ocultos para impedir que el movimiento siga adelante.

No importa lo que se publica, sino la intención detrás de lo que se publica. Y entonces a la contundencia de los hechos se suma un supuesto complot que inhabilita lo que sea que se diga de ellos.

3) Los medios han de limitarse a informar: el argumento adicional que se ha utilizado para descalificar al New York Times consiste en advertir su naturaleza de medio de comunicación para señalar que se ha excedido al presentar un “peritaje” que corresponde al gobierno, juez y parte, por cierto, aunque éste se encuentra siendo realizado por 16 expertos independientes al mismo.

Pese a acudir a distintos expertos, la audiencia, muchas veces sin siquiera haber leído el contenido, descalifica por considerar que un grupo de reporteros no debería presentar tales conclusiones. Si como respuesta se presenta el hecho de haber sujeto la evidencia a la opinión de especialistas, entonces se descalifica a los mismos por no haber participado en la investigación oficial. Y así se construye un círculo virtuoso en el que lo único válido sería difundir la propia información oficial, olvidando así que la labor del periodismo es la de dar a conocer aquello que el poder no quiere que se sepa.

Con periodismo no basta. Cuando ni siquiera el New York Times, el Washington Post o The Economist logran que la conversación se concentre en los hechos más que en las teorías de complot, queda claro que para restituir el valor del periodismo hace falta retomar una labor básica: la de hacer que la sociedad recuerde por qué necesita a los medios, por qué el periodismo puede ser su aliado para la toma de mejores decisiones al elegir a sus gobernantes, que en vez de ser un elemento de devoción semejante al apego que se siente por un equipo de futbol, ha de ser sujeto de un seguimiento constante al cumplimiento de sus responsabilidades como servidor público.


La UNESCO abraza la alfabetización mediática como prioridad mundial

Este 8,9 y 10 de junio, la UNESCO llevó a cabo en Argentina tres jornadas de alfabetización digital contra la desinformación en tiempos de pandemia. Sus argumentos centrales respecto a la importancia de llevarlas a cabo apuntaban a lo siguiente:

a) El acceso a la información en todas sus formas es un derecho humano y una necesidad elemental que se pone en jaque con el fenómeno de la desinformación.

b) En tiempos de pandemia, además, la viralización de contenido no verificado se incrementa significativamente, llegando a poner en riesgo incluso la vida misma de la gente, ya que las personas pueden tomar decisiones importantes a partir de afirmaciones falsas o engañosas que ningún profesional de la información contrastó.

c) Para Rosa González, Consejera Regional de Comunicación e Información de la UNESCO para América Latina y el Caribe es importante: “Identificar las fuentes de la información, desentrañar los mensajes con los que interactuamos y distinguir la información fiable de la manipulación se ha convertido en una ardua tarea. Esto requiere un nuevo aprendizaje que debemos expandir a toda la sociedad mediante políticas y estrategias sostenibles de alfabetización mediática e informacional”.

La falta de alfabetización mediática presenta consecuencias en rubros fundamentales de nuestra sociedad.

-En materia política, habilita que los gobernantes busquen manipular a la población mediante los ejercicios de descalificación ya descritos.

-En salud, por citar un ejemplo ya mencionado en este newsletter, 12 influencers se valieron de concentrar el 65% de la información falsa en Estados Unidos respecto a las consecuencias de aplicarse la vacuna contra el COVID para vender productos milagro, fueron conocidos como “The Disinformation Dozen”.

-En un podcast grabado durante el pico de la pandemia, Cristina Tardáguila, Directora Adjunta de la International Fact Checking Network, me relataba las distintas olas de desinformación y mencionaba el hecho de que varias de esas desinformaciones derivaron en la muerte de personas tras ingerir orines de animales que supuestamente otorgaban inmunidad ante el virus.

-Referente al tema de la manipulación política, platiqué con León Krauze hace unos meses. Él alertaba sobre lo grave que resulta que los hechos ahora estén por debajo de las opiniones. Una conversación que se mantiene vigente.

En resumen, la alfabetización mediática se requiere para que el ciudadano sea capaz de comprender la responsabilidad que implica crear y compartir contenido, para que comprenda el rol de los medios ante las fuerzas políticas, para que contribuya al marco regulatorio bajo el que se mueven los influencers y para que cuente con las herramientas necesarios al momento de juzgar una pieza periodística y una que no lo es.


¿Por qué la alfabetización mediática deberá ser materia en todos los niveles de educación?

En pláticas por separado con Ricardo Trotti, Director de la Sociedad Interamericana de Prensa, y Brenda Ramos Villaseñor, Jefa del Centro de Formación en Periodismo Digital de la Universidad de Guadalajara (México), coincidíamos al señalar como urgente que la alfabetización mediática fuera incorporada como parte del “tronco común” en distintos niveles educativos.

La alfabetización mediática requiere estar al mismo nivel que la urgencia por preparar a los estudiantes y padres de familia en temas como nutrición y finanzas personales. Para el nuevo contexto social se ha hecho medular conocer cómo cuidar el dinero, cómo cuidar nuestra alimentación y cómo consumir y crear contenido de manera responsable.

Los tres rubros forman parte natural del bienestar de una persona. En el caso de la alfabetización mediática contribuirá también a que cualquier persona tenga la conciencia mínima necesaria para que aún siendo creador de contenido independiente no pase por encima de máximas que tendrían que estar siempre al momento de relatar una historia, de señalar a una persona como responsable de algo y de influir de manera directa o indirecta en una audiencia.

Aquí algunos de los lugares en que esta postura empieza a ser adoptada:

-En Illinois se plantea que todas las escuelas secundarias deban incluir un programa para entender cómo evaluar las noticias generadas en medios y en redes sociales.

-En Colorado, el gobernador Jared Polis ha firmado la Media Literacy Implementation bill, que exige a escuelas primarias y secundarias la implementación de un programa a ese respecto.

-Para conocer a detalle la implementación de programas de alfabetización mediática en escuelas de Estados Unidos, les recomiendo descargar el Media Literacy Policy Report 2020, en que la Media Literacy Now revisa estado por estado cuáles son las acciones de gobierno que se han implementado. Pueden descargarlo aquí.

-En la Unión Europea ya se desarrollan programas enfocados en contribuir a que la sociedad tome mejores decisiones a partir de los contenidos que consume.