¿AMLO tiene la culpa de que la sociedad no crea en los medios?

O por qué el presidente mexicano es apenas una parte del problema

Storybakers:

Antes de ir a detalle con uno de los grandes dolores de la industria, que es la desconfianza generalizada hacia los medios en México, quiero recomendarles que escuchen mi plática en The Coffee Americano con Matías Sinay, director de contenidos originales de Playground y creador de “Un Mundo sin”, serie de cortos animados que ha superado los 100 millones de reproducciones en distintas redes. Aquí pueden ver la primera temporada completa, y aquí un boceto que me comparte para este newsletter



Su éxito ha sido tan grande que ha lanzado “Un minuto en el futuro” de la mano de Playground. Su historia muestra el poder de las ideas simples pero escalables, como lo demuestra el que “Un mundo sin problemas”, episodio especial para Zurich acabara generando 8 millones de reproducciones en el acumulado de distintas redes.

La inspiración para medios no viene solo de una gran nota. Lo demuestra Matías Sinay en The Coffee Americano.


Si son de los que no han descargado el Digital News Report 2021 del Reuters Institute, pueden hacerlo aquí.


¿Es AMLO el culpable de que los lectores no crean en los medios?

El Digital News Report de Reuters dice que sí, que parcialmente sí. Y a quienes estamos en medios nos gusta que sea así, o que parezca que es así. Tiene sentido: una figura tan poderosa como López Obrador se ha valido de un recurso diario para convencer a una parte significativa de la sociedad de que los medios mienten o manejan intereses ocultos al consignar información y emitir opiniones que cuestionan su gobierno.

La reiteración de un mensaje que polariza funciona con una parte de la sociedad. Si a ese discurso de polarización se suma el hecho de que los medios. han optado por tomar partido para no quedarse en ese punto de equilibrio que mientras se apega a los ideales del periodismo se aleja al resultado emocional de las interacciones en redes, resulta natural afirmar que la figura presidencial es la que protagoniza la caída consistente en la credibilidad de los medios.

El Digital News Report recién libera sitúa al mercado mexicano como una excepción. Mientras la mayoría de los países analizados registraron un incremento en la credibilidad de los medios y las noticias en general a partir de la necesidad de información confiable durante la pandemia, en México se produjo una caída de 2 puntos porcentuales con respecto al 2020, situándose en 37% frente al 39% del año pasado.

El resultado representa el punto más bajo para la industria de las noticias desde el 2017. En total, como lo muestra este gráfico de El Economista, la confianza en las noticias, tanto en general como aquellas que buscan los usuarios, ha caído 12 puntos en 5 años. Una catástrofe para la industria.

El timing, en efecto, apunta a López Obrador como el gran responsable. El propio texto de contextualización, firmado por María Elena Gutiérrez-Rentería, académica de la Universidad Panamericana, sobre el mercado mexicano apunta a López Obrador como el pilar de lo que arrojaron los datos. Pero vale la pena que hagamos algunas consideraciones y cruces de datos para, cuando menos, reconocer que no está atendiendo más que una parte de la verdad.

Factores a considerar:

-El estudio sobre el mercado mexicano tomó como muestra 2 mil 36 encuestas realizadas en línea.
-Dentro de la propia explicación metodológica, el Reuters Institute menciona la posibilidad de que la opinión de las audiencias mayores y poco habituadas a digital esté “under-represented”, así como la audiencia que consume más en print que en digital. También menciona que la audiencia hard-core digital puede estar over-represented.
-El medio con más credibilidad en México es CNN con un 71%, mientras que El Universal es segundo con un 63% y apenas un 16% de desconfianza.
-El propio Reuters señala que, además del factor AMLO, ha de considerarse que un 69% considera haber encontrado desinformación sobre la pandemia un 52% información falsa sobre políticos (este punto sí construye a la idea de que López Obrador es uno de los responsables de la caída en confianza de los medios)
-Para los mexicanos, el principal foco de preocupación en cuanto a la credibilidad de la información es Facebook con un 28%, seguido por WhatsApp (26%), sitios de noticias (15%), buscadores (7%), YouTube (6%) y Twitter (4%)

Puntos para analizar:

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En el México dividido de López Obrador y con un 65% de penetración de Internet, tendría más sentido que la audiencia “Anti-López Obrador” estuviera sobrerrepresentada partiendo del poder adquisitivo que se adjudica a uno u otro sector y la relación directa de este factor con el acceso a digital.


-Como lo señalé puntos arriba, el hecho de que se hable de una falla natural al medir las preferencias de los usuarios mayores, limita la participación de uno de los sectores estratégicos de López Obrador, dado que uno de sus focos para ganar votos ha sido el desarrollo de apoyos a personas de la tercera edad.

-Que CNN aparezca como el medio que más confianza genera en el mercado mexicano no parece precisamente un guiño a la base dura de votantes de López Obrador. CNN en México es visto como una marca de élite y de minorías, por tanto puede asumirse que López Obrador no es un factor en ello.

-El segundo lugar es aún más esclarecedor: El Universal, con 63% de credibilidad u in 16% de desconfianza, ha sido uno de los objetivos de ataque constante por parte de López Obrador. Entre sus colaboradores estelares se encuentra Carlos Loret de Mola, uno de los grandes referentes del periodismo de oposición en México.

-El propio Loret de Mola, a través de Latinus, el medio referente de la oposición a López Obrador, aparece como uno de los 16 sitios de más alcance online con un 11%, hecho muy significativa para una propiedad que nació apenas en febrero del 2020.


López Obrador y la pirámide de Gary Vee

Asumiendo que AMLO es responsable parcial de la mala percepción que existe sobre la industria de las noticias en lo general y de los medios en particular, vale analizar hasta qué punto los publishers mismos han sido incapaces de entender cómo combatir ese discurso.

López Obrador tiene claro un punto de siempre en el marketing político: si controlas la agenda, dominas la conversación. A través de La Mañanera, el presidente mexicano garantiza ser el que rige los grandes puntos a conversar y debatir entre los medios de comunicación, y por ende, en las redes sociales. Cuando no lo consigue, como ocurrió brevemente durante las elecciones con el acaparamiento de espacios de Samuel García en su camino a la gubernatura de Nueva León, se producen tropiezos para sí mismo o para Morena, la que podríamos considerar su propia fuerza política.

Lo que quizás no tiene tan claro, pero lo hace de manera empírica, es que su conferencia funciona como el contenido pilar del que habla Gary Vee en su pirámide de generación de contenido.

Para quienes no tengan el contexto, aquí la síntesis de los tres pasos en esta metodología propuesta por Gary Vee.


Para AMLO la pirámide de Gary Vee es aún más poderosa que para los creadores de contenido, que han de encargarse ellos mismos de convertir ese gran contenido en pequeñas piezas que cumplen con distintos usos y formatos para llegar al tercer paso, que es la distribución.

López Obrador, por medio de sus conferencias diarias, entrega la carnada que los medios devoran, reinterpretan y distribuyen. Y aunque en ocasiones vayan en contra de lo que el presidente afirma, él cumple el objetivo de seguir siendo el corazón de la agenda pública en México.

Sin quererlo, los medios han terminado por convertirse en voceros de la descalificación constante de López Obrador a los propios medios. Ya desde ahí podríamos asumir que los medios algo tienen de responsabilidad en el escepticismo que generan entre los medios.


¿Y dónde está lo que no corresponde a López Obrador?

López Obrador, como cualquier otro presidente, en algún momento tendrá que dejar el poder. Los medios, aunque quisieran, no podrán controlar lo que dice ni lo que hace, aunque sí cómo lo cubren, que es a lo que iba el punto anterior. Pero lo que en verdad sería trascendente para la industria es que se produjera un análisis sobre lo que se ha hecho más allá del presidente para que la sociedad desconfíe de ellos.

Aquí algunas apreciaciones:

1) Visitas antes que precisión: el modelo de negocio abrazado por la mayoría de los medios no se relaciona de forma directa con la necesidad de ser preciso y puntual al momento de publicar un contenido, sino más bien con la intención de atraer lectores a costa de lo que sea.

Cuando el foco se encuentra en la atracción más que en el mantenimiento de esa audiencia y su conversión en fanática del medio, acaban proliferando los titulares engañosos y las notas basadas en rumores, que sirven mucho para atraer usuarios, pero también para que estos salgan despavoridos de ahí sintiendo que fueron estafados.

Los medios dependientes de la publicidad, que son la gran mayoría en México y Latinoamérica, han puesto por encima las métricas que la calidad de experiencia entregada. En ese contexto, resulta comprensible pensar que los lectores de pisa y corre tendrán una mala percepción de lo que recibieron a cambio de su tiempo, aunque se cuente en segundos.

La práctica está tan arraigada que al interior de las redacciones se broma con la “venta de humo”, es decir, con promover titulares engañosos con tal de hacer que Google Analytics se vea mejor.

2) El rumor como género periodístico: quienes hemos estado en medios deportivos sabemos lo fructífera que resulta la época de contrataciones. Ahí, nos valemos hasta de un tuit de un medio que posiblemente ni siquiera conocíamos para hablar de un posible refuerzo, idealmente para los equipos de alta convocatoria.

El llamado “futbol de estufa” es extraoficialmente una ventana que habilita mentir y generar expectativa donde no la hay. En ocasiones, los medios optamos por advertir en esa misma gráfica si aquel es un rumor fuerte o apenas algo que se ha ventilado sin posiblemente tener fundamento. El problema, como siempre que se quiere dejar la responsabilidad de elegir qué es fiable y qué no a la audiencia, es que ésta no por fuerza se toma el tiempo suficiente para atender las consideraciones que se indican en ese mismo contenido, aún si es una imagen.

Para el lector no es tan sencillo diferenciar entre aquello que se maneja como un rumor y lo que se maneja como un hecho. En su cabeza, cuando algo no se produce, queda que los medios hablaban de una contratación que al final no se dio.

Si bien los rumores son uno de los máximos generadores de tráfico para los medios deportivos, que hoy te llevan a su sitio para leer un párrafo improvisado con tal de jalar visitas, no son los únicos que lo practican.

En los medios de información general abundan secciones de trascendidos que se manejan bajo la misma lógica. “Nosotros solo estamos mencionando rumores, es posible o no que se terminen produciendo”.

Como tendencia, esos trascendidos vienen cargados de editorializaciones que con facilidad pueden contribuir a que un lector perciba un interés más allá de mencionar un rumor, lo que hace que a la potencial información imprecisa se sume la idea de que el autor de los mismos, a veces anónimo por ser una sección de trascendidos trabajada por el equipo editorial, está procurando una agenda particular, sobre todo en el aspecto político.

El rumor para el lector es una información. Y si soltamos rumores para llamar la atención sin que la mayoría se confirmen en el corto plazo, la percepción de la industria se termina viendo perjudicada.

3) La proliferación de los medios partisanos: en ocasiones ya ni siquiera se trata de la verdad en los hechos, sino de cómo el modo en que un medio selecciona las historias que quiere contar termina provocando que la audiencia pierda interés en esas verdades que está diciendo.

Frente a los algoritmos de redes, donde lo que más funciona son los extremos, los medios, ya sea con periodismo o no, han optado por asumir posturas que concentran el poder de su influencia y generación informativa en un sector e ignoran al resto. Así, por ejemplo, un medio destina recursos a indagar y publicar historias que exhiben a un político, pero lo hace de forma tan reiterada y sin en su momento consignar irregularidades de otras fuerzas políticas que estén incumpliendo en el ejercicio de su deber, que para la gente genera desconfianza ya no la noticia que está siendo consumida, sino el hecho de que un medio se dedique a perseguir las acciones de un actor político y sus aliados e ignore intencionalmente todo aquello que el resto esté haciendo mal.

4) Falta de verificación: los medios no pueden seguir actuando como veletas que van donde un tuit o story en Instagram les indica. Hace unos días, les compartí un análisis a fondo sobre el bulo que la industria montó en torno a la falsa influencia de Cristiano Ronaldo en el valor de las acciones de Coca Cola.

Se puede entender y comprender que en WhatsApp prolifere desinformación, que un ciudadano cualquiera comparta un tuit o una imagen dándola por válida, pero no que los medios de comunicación en la época en que más necesitan diferenciarse de los ciudadanos comunes y de los creadores independientes para validar que el periodismo es necesario, prescindan de los procesos de verificación que los pondrían niveles por arriba de lo que cualquiera puede encontrar en redes sociales o en grupos en mensajeros instantáneos.

Los medios, además, en ese afán por ser más atractivos para la audiencia, pasan de etiquetar una información como rumor a darla por hecho. Y entonces eso que comenzó como una información de pasillo acaba convirtiéndose en una noticia reportada como si fuera certeza. Y cuando ésta se desmiente, un efecto búmeran afecta a la industria de los medios.

A la industria le corresponde, por absurdo que parezca, ser la más lenta. Aunque ello represente pérdida de visitas, ha de construirse un ecosistema y apelar a modelos de negocio que reconozcan más la precisión que la inmediatez. Un rumor, al final, será siempre más rápido que la información verificada.

A los medios no les corresponde ser los primeros. No cuando hoy cualquiera genera contenido y realiza anuncios desde las redes sociales. A los medios les corresponde defender a una industria que hoy padece falta de credibilidad. Sí, por López Obrador, pero también, y en gran medida, por propia culpa.

En una semana, tres imprecisiones han sido difundidas por un gran número de medios mexicanos.

1) El caso Cristiano y Coca Cola
2) La llegada del Chavo del 8 a Disney+
3) La salida de la directora del metro (si ésta se confirma en un par de días, habrá que darla por buena. Si no, aunque finalmente ocurra, a la audiencia le quedará la sensación, una vez más, de que los medios le han mentido).