¡Bienvenido a la era de oro del periodismo!

O por qué la transformación digital presenta oportunidades únicas

Storybakers:

El presente envío está muy influenciado por la plática que tuve con la periodista española Almudena Ariza, quien se declara amante del llamado periodismo lento y quien ha vivido en primera persona sucesos tan relevantes para la humanidad como los atentados de las torres gemelas en Nueva York, y las guerras de Afghanistán e Irak, además de haber dado cobertura a los terremotos en Haití, Irán y Turquía.

Almudena es uno de esos baluartes del periodismo de siempre que ha entendido que la tecnología no es más que un facilitador para seguir haciendo su trabajo y, de paso, incorporar elementos que antes hubieran resultado impensables para un reportero de a pie.

Como defensora del periodismo lento y de entregar las respuestas que la audiencia está buscando, aunque eso exija producir contenido a profundidad y preparar por espacio de días, horas o incluso meses un trabajo periodístico antes de ser publicado, Almudena me terminó motivando a ser optimista sobre el presente y futuro del periodismo. Hoy, como lo demostraré más adelante, más prometedor y brillante que nunca.

Los invito a escuchar mi conversación completa con Almudena Ariza. Como dije en Twitter, para mí se trató de un viaje a lo que ha sido el periodismo, a lo que es y a lo que será.

The Coffee con Almudena Ariza


La tentación es la de siempre: asegurar que lo de antes fue mejor que lo de ahora. Y si lo hubiéramos afirmado en el 2018, justo antes de que Facebook decidiera modificar el modo en que distribuía contenido al interior de su plataforma para abrazar las interacciones significativas, hubiéramos tenido la razón.

En aquel momento, el periodismo, o cuando menos el que se practicaba con mayor recurrencia en los medios, era así:

1) Especialistas en formato corto, tan corto como un meme: con tal de tener engagement en Facebook y dado que ésta era la plataforma que impulsaba o hundía nuestras posibilidades de éxito en Comscore, las piezas más valiosas al interior de una redacción en muchas ocasiones no solo no eran periodistas de profesión, sino que éstas lo desdeñaban abiertamente por significar algo obsoleto frente a la necesidad de atender las emociones de la gente.

Lo que se requería para tener “éxito” era gente con capacidad de darle a los usuarios lo que quisieran. Un video emotivo en el momento justo. Sin periodismo, sin misterios resueltos, sin documentos revelados, sin información descubierta. Palabras precisas lanzadas al calor del momento para tocar las fibras más sensibles de la audiencia que entonces se entregaba en reacciones que hacían crecer nuestra viralidad.

Eran videos con imágenes de stock, más hechos para que el usuario leyera los subtítulos que para que los escuchara. Videos rápidos para alimentar la métrica, aunque como el propio Facebook lo reconocería más adelante mediante la adopción de videos de más de tres minutos para poder mostrar anuncios, inservible para la monetización de dichos materiales.

2) La audiencia se componía de usuarios, no de lectores: hasta hace no mucho en digital se hablaba de lecturas o de visitantes, no de lectores. De la muestra en tiempo real entregada por Google Analytics y de las verdades cuantitativas de Comscore importaba el número y nada más. No importaba el tiempo de estancia del usuario, tampoco nos interesábamos por su nombre y apellido. Lo único que tenía valor en aquel momento era que los usuarios llegaran uno tras otro, tras otro para que la cantidad se hiciera relevante y para que ese slide corporativo en que hemos de hablar de nuestras métricas frente a los anunciantes resultara decoroso.

Ni para las marcas ni para los medios era relevante la calidad de esa audiencia, a la que puertas adentro se le señalaba como la culpable de la baja calidad del contenido producido. “La pinche gente no lee”, escuché decir en varias redacciones mexicanas. Se omitía intencionalmente que, en su mayoría, no estábamos generando contenidos que merecieran ser leídos.

3) Redacciones anónimas: aunque las pruebas estallaban frente a nuestros ojos, los medios nos seguíamos negando a la posibilidad de que el periodista, más allá del talento a cuadro, trabajara su marca personal y se hiciera visible con la intención de fortalecer al medio a través de su presencia en redes sociales y de la exposición de su trabajo.

En aquel momento abundaba el anonimato en las redacciones. La realización de artículos huérfanos que no tenían ni nombre ni apellido tanto porque ese texto en realidad ni contextualizaba ni aportaba nada nuevo como porque los medios en digital siempre se habían sentido más cómodos dosificando la cantidad de talento que un particular pudiera mostrar a sus lectores.

Mientras el periodista era condenado al anonimato, los creadores de contenido desarrollaban estrategias de marketing, empíricas o no, para ser recordados por la audiencia.

4) La libertad de espacio se convertía en libertinaje editorial: la llegada de la web comercial representó un descubrimiento ante el que es natural que nos sintiéramos demasiado seducidos como para no caer en el exceso. Ese momento en que la prometida carretera de la información se abrió ante nuestros ojos es equivalente al momento en que un niño descubre el mundo de Disney. En cuanto accede al parque, actúa por instinto para entregarse a todo lo que ahí le ofrecen. Y justo eso le pasó al periodismo: tuvimos tanto espacio y libertad que asumimos que lo que cabía era todo lo que se nos ocurriera y no solo aquello enmarcado por un objetivo de negocio y por la máxima de agregar valor a los lectores que, insisto, en realidad fueron considerados usuarios, acercándonos así a la retórica y a las métricas de las plataformas antes que a la de los medios que fuimos, somos y seguiremos siendo.

Más es menos. Nos lo habían dicho, pero tuvimos que padecerlo en carne propia para que la cantidad de contenido producido dejara de ser aspecto clave para medir el desempeño de una persona.

5) Si es gratis, el usuario debe comerse lo que le demos: la gratuidad en algún momento dejó de ser vista como un beneficio para el usuario para terminar convirtiéndose en un reproche al mismo.

Cuando vas al supermercado, la persona que te está ofreciendo una prueba de un yoghurt o de unas galletas no te dice “ey, si no te gusta, no te quejes, es gratis”. Bueno, pues eso sí que ocurría con los medios de comunicación. En varias ocasiones, me encontré con gente molesta en redes sociales ante la exhibición desmedida de publicidad, a lo que diversos representantes de aquellos medios contestaban que debían entender que era un negocio, y que, por favor, exigieran solo cuando estuvieran pagando por ello.

Se asumía que el cliente tenía la razón, que el producto no importaba, y que el lector no tenía derecho a exigir un buen producto.

6) El periodista no tenía más camino que ser empleado de los medios: o trabajas para mí o desapareces. El talento periodístico fue de los últimos en lo que respecta a la creación de contenido en comprender que la diversidad de plataformas tecnológicas y redes sociales habían pavimentado el camino para que pudiera existir de forma independiente, sin estar forzado a ceñirse a los modelos editoriales y a las voluntades de los directivos de medios de comunicación.

Durante muchos años, sobre todo en digital, los periodistas aceptaron trabajos que no los satisfacían, ya fuera por la paga o porque en su día a día se les pedía realizar contenidos que no formaban parte de los verdaderos intereses y curiosidades editoriales de los periodistas, que mientras veían caer otras plataformas se preguntaban qué hacer en la plataforma de vanguardia, pero que a la vez menos espacio tenía para el contenido con el que éste había soñado al momento de elegir dedicarse al periodismo.


¿Por qué éste es el mejor momento para hacer periodismo?

Ayer, en Story Baker Daily a través de Clubhouse, tuvimos el que ha sido el room más exitoso hasta la fecha para nosotros en dicha plataforma. Hablamos sobre Clubhouse y sus posibilidades de éxito o fracaso, conversación guiada en gran medida por el envío de ayer de este newsletter . En una intervención, un creador de contenido científico habló sobre lo mucho que Clubhouse le ha ayudado a poder extenderse en sus conceptos, a poder resolver dudas tanto propias como ajenas y a estructurar pensamientos que de otro modo seguirían dando vueltas en su cabeza, pero sin encontrar la configuración necesaria para convertirse en un fundamento factible de ser compartido con otros.

Si bien el ecosistema digital hace tiempo que encontró en los blogs e incluso en las primeras oleadas del podcasting una oportunidad para que los periodistas y creadores de contenido desarrollaran sus hipótesis, presentaran conceptos propios y los empaquetaran de modo que fuera digerible para el público, nunca como ahora se habían conjuntado tantas tendencias que impulsaran el desarrollo de la expresión periodística a partir de la primera persona.

1) El boom de la expresión periodística: puede explicarse desde dos vías. La primera, el formato, donde encontramos que los newsletters, los podcasts, las plataformas de streaming, donde hay que colocar a Twitch en primer lugar, y hasta los rooms en Clubhouse y Spaces posibilitan que el periodista tenga tiempo para elaborar sus ideas y para utilizarlas como un activo que de paso desarrolla su marca personal.

La segunda, la de las tendencias en consumo de contenido. La gente hoy está buscando periodismo explicativo, periodismo constructivo, de soluciones. Todos estos géneros, intersectándose o muy bien acotados, requieren contextualización, requieren humanidad en el modo en que son presentados, requieren de una firma que además de consignar, lo que siempre ha hecho la nota informativa, contextualice, apunte, señale el camino.

Ese periodismo lento que tanto defiende Almudena Ariza está viviendo su apogeo. Solo hemos de ser capaces de identificarlo en medio del pesimismo que nos han traído los negros anuncios de despidos, recortes y cierres de medios, que siendo lamentables han de ser señalados también como dolores necesarios para que hoy la industria se encamine hacia un nuevo destino.

2) Medios creados y financiados por periodistas: el escepticismo generalizado entre los inversionistas ha derivado en que los medios sean vistos como emprendimientos románticos, que no traerán grandes retornos y sí, en cambio, potenciales problemas con las fuentes que se cubren, factor que siempre ha molestado a los hombres de negocios.

Esa relación costo-beneficio que en cierto modo castiga a la industria de los medios es en el fondo una noticia positiva. Mientras que los grandes diarios a nivel mundial han dependido de magnates y familias adineradas que se hacen del poder, en estos tiempos proliferan medios con propósitos claros a partir de haber sido fundados por periodistas en toda forma.

Y si bien estos medios se crean con la intención de hacer negocio, el adn con el que nacen permite una cocción a fuego lento, donde se permite la construcción orgánica de una relación con la audiencia que se hace comunidad y donde se entiende que no habrá inversión sin un plan de vuelo establecido para recibir un retorno.

Observar a periodistas al mando de medios será una característica medular de la era de oro del periodismo en digital. Preferible ser parte de la historia de los PYMEDs (pequeños y medianos medios) que acudir a la debacle de los medios cuyo momento cumbre es el lanzamiento solo para enseguida comenzar la caída.

3) El valor de los documentales para medios y plataformas de streaming: ya les decía que vivimos el boom de la expresión periodística. Además de los formatos que les mencioné, los documentales se presentan como una nueva gran avenida para que el periodista desarrolle periodismo de investigación que además le permita posicionarse ante grandes audiencias.

Si un reportaje publicado en texto está limitado a a la audiencia del medio que lo publique o a la que pueda tener el periodista, los documentales tienen la capacidad de convertir un tema específico en una tendencia para audiencias generalistas.

Ante la necesidad de contenido por parte de plataformas de streaming en audio y video , el periodista está mejor posicionado que nunca para desarrollar trabajos a profundidad, que impliquen tiempo para su realización y que le entreguen un verdadero activo para su portafolio en vez de una nota perecedera que carecerá de valor a futuro.

Si un diseñador tiene un book y un animador tiene un reel, ya va siendo tiempo de que los periodistas tengamos uno en toda forma, donde no presentemos genéricos, sino que mostremos productos.

4) Domina tu propia categoría: los medios en español adolecen de verdadera especialización. Frente a sus estructuras heredadas del periódico, que incluyen categorías tan abiertas como entretenimiento, deportes y cultura, lo que ocurre es que se maneja una especialización generalista, muy específica para encasillar al periodista hacia delante, pero a la vez demasiado amplia para que sea referencia en un subnicho. No es lo mismo hablar de empresas familiares, que de corporaciones, que de emprendimientos o de criptomonedas, o Non Fungible Tokens. Y todo, al final, podría ser parte de esa categoría llamada negocios.

Ante la diversidad de audiencias que ha creado el ecosistema digital, la especialización en subnichos será la que termine imperando. Y eso, por simple cantidad de océanos azules descubiertos y por ser descubiertos, habilitará que más periodistas puedan dedicarse al sector que verdaderamente les gusta y conquistar a las audiencias con las que se sienten más cómodos y motivados.

5) Los lectores sí pagan por contenido: en el aparador tenemos suficientes casos para concluir que sí, que los lectores reconocen el buen contenido y terminan pagando por él. Hace años afirmarlo hubiera sido insensato, incluso mal visto entre quienes aseguraban que aquello no ocurriría en Latinoamérica, e incluso en España, que si bien tardó en normalizar la implementación de los muros de pago, hoy vive un boom a ese respecto.

Con las redes sociales teniendo claro que no podrán mantenerse vigentes si no encuentran la manera de reconocer el trabajo de los usuarios habilitando que terceros paguen por el contenido que ellas están hospedando sin costo, lo que sobrará serán alternativas para monetizar nuestro trabajo.

Twitter ya anunció el Super-Follow; Spotify está próximo a liberar la posibilidad de crear contenido exclusivo para suscriptores desde Anchor; Facebook se ha montado a la batalla; Tik Tok busca impulsar el Live Commerce para que sus creadores moneticen. Los anuncios se dan a diario.

La Creator Economy no hará más que contribuir al desarrollo de grandes ejercicios periodísticos.


Podemos seguirnos lamentando ante el hecho de saber que hoy cualquiera puede malinformar desde las redes sociales. Podemos también hundirnos en depresión frente a la realidad que convierte a cualquier persona en un potencial creador de contenidos y en un potencial periodista. Podemos incluso desgastarnos apuntando a quienes dicen que hacen periodismo, pero en realidad no hacen más que darle a la gente lo que quiere. Podemos quejarnos de las redes. Podemos ver negro el panorama. Hoy los invito a hacer lo contrario, y a reconocer que nunca como ahora hemos estado tan cerca de poder vivir de lo que amamos. ¡Bienvenidos a la era de oro del periodismo!