Big Brother 2.0

Los influencers convertidos en ratas de laboratorio

Storybakers:

Este viernes a las 10:00 am (tiempo de México) tendremos un room especial en Story Baker Daily dentro de Clubhouse con Alfredo Casares, fundador y director del Instituto del Periodismo Constructivo y autor del libro “La hora del periodismo constructivo”.

Hace unas semanas hablé con él en The Coffee. Ahora lo tendremos en esta plática abierta para entender por qué detrás del periodismo constructivo hay no solo una forma de replantearnos lo que hacemos, sino también de emprender en los medios de comunicación, donde hacer lo mismo que todos ha dejado de ser una alternativa.

Los espero a las 10:00 am en Clubhouse. De paso, aprovecho para recordarles que hemos abierto el club de periodistas en español dentro de la misma red. ¡Súmense para ser parte de la comunidad!


La tendencia se veía venir. En el fondo era tan evidente como darnos cuenta de lo que representa observar por horas a Ibai Llanos, a The Grefg o a cualquier otro de los grandes streamers en Twitch. Se trata de ellos solos, captados por una cámara, escuchados por un micrófono, encapsulados en un cuadro del que no saldrán hasta que el show haya concluido.

Si Big Brother resultó un experimento social que alimentó nuestro morbo como sociedad hace 22 años en España, hace 20 años en Argentina y hace 19 años en México, entramos ahora al seguimiento obsesivo del individuo, a la evolución del culto a la persona que se manifiesta en los futbolistas que reúnen más seguidores que los equipos, en los influencers que son más poderosos que los medios y hasta en los periodistas que no necesitan de marcas que los abracen para vivir del tema que los cautiva.

Sin saberlo, más metidos en la inercia que en la reflexión para después elegir, los seres humanos nos hemos convertido en un estudio ambulante. Empezamos siendo discretos: un teléfono bastaba para grabarnos y fotografiarnos. Pero de a poco nos hemos ido refinando con micrófonos, selfie sticks, tripiés portátiles y aros de luz para que no se pierda detalle de nuestra cara. En casa estamos listos para streamear cuando sea. En movimiento, siempre dispuestos a mostrarnos si así se requiere y, sobre todo, si así se quiere. El problema ya no es contar con cámaras y micrófonos alrededor nuestro, es decidirnos a encenderlos. Y para eso no faltan motivaciones: el dinero, la promesa de nuevos seguidores, la notoriedad, están ahí siempre, tentándonos a que nuestra vida sea un show abierto al que quiera sintonizarlo.

Dice Marcos Gorbán, productor de las primeras seis ediciones del Gran Hermano argentino, que para funcionar, Big Brother se valía de tres características principales:

1) Aislamiento absoluto (provocado durante los últimos meses por la pandemia)

2) Sistema de eliminación (que para el caso de redes sociales representa en realidad la distinción entre los que existen con audiencias significativas y los que al negarse a ser creadores de contenido se convierten en figuras invisibles)

3) Que no haya metro cuadrado sin ser visto por las cámaras (aunque los seres humanos sí que tenemos posibilidades de guardarnos momentos para nosotros, no han sido pocos los casos de gente que comparte historias en un funeral o hasta los que deciden utilizar la tecnología para mostrar el momento de su suicidio)

Hoy vivimos en una competencia constante. Desde casa y frente a su computadora, una persona trabaja por satisfacer a su audiencia, entiende que es el momento de acumular seguidores y de crecer en una red antes de que otro lo haga. Para hacerlo, ha de mostrarse, ha de crear, ha de estar presente. Porque se lo piden sus seguidores o porque si no los tiene, solo así podrá conseguir algunos. Porque se lo pide el algoritmo. Porque desde su rol de consumidor se le demanda convertirse en creador. Cada caso de éxito ajeno es un llamado a subirse al escenario, a encender la cámara para estar ahí por horas, a revelar sus pensamientos, a compartir sus imágenes.


Silicon Valley pone a la venta la vida de los influencers

Con la Creator Economy como la de mayor crecimiento en materia de pequeños negocios y frente a los cuestionamientos constantes a los que han estado expuestas las tecnológicas por el modo en que monetizan la data de los usuarios, Silicon Valley se ha ido poblando de emprendimientos que exploran la creación de herramientas de monetización para creadores, cubriendo alternativas que van desde la elaboración de criptomonedas propias, como ocurre con Rally, empresa que llama a los creadores de contenido y a las marcas a desarrollar su propio ecosistema de monetización por medio de blockchain, hasta aquellas que permiten comprar el derecho a elegir qué es lo que debe hacer un influencer ante distintos aspectos de su día.

En un artículo publicado por el NYT, Taylor Lorenz analiza a detalle algunas de las siguientes aplicaciones:

-NewNew: esta aplicación lanzada en septiembre del 2020 (cuando el objetivo era bastante distinto al producto actual) es transparente respecto a lo que busca. Se presenta como “the best way to poll your life” (la mejor manera de poner a consideración tu vida), y lo que hace es precisamente eso: habilitar a los usuarios la posibilidad de comprar votos para influir en las actividades que hará un creador de contenido. El número de votos comprados es el que determina las ganancias del influencer en cuestión.

Para Courtne Smith, en el ya mencionado reportaje del Times, es “parecido a la bolsa de valores en el que compras acciones, solo que aquí compras votos para controlar cierto nivel de la vida de una persona”

-La premisa también ha despertado la curiosidad de Triller, empresa de la que les hablé en un anterior envío, que ha anunciado la realización de un show en que Twan Kuyper protagoniza Try Something New, programa de treinta minutos dentro de Triller TV en el que las actividades del youtuber holandés dependen de la decisión del público.

Las implicaciones de este tipo de dinámicas son mayúsculas. La materialización en carne y hueso de los experimentos promovidos por ejercicios interactivos como Bandersnatch, The Boss Baby e incluso a través de audiojuegos como el presentado por El Cañonazo Transmedia como parte del lanzamiento de “La Caza. Tramuntana” promete habilitar nuevos espacios para debatir la relación entre un creador de contenido y su audiencia.

Ante la necesidad de monetizar, los creadores ya no solo estarán a expensas del algoritmo, sino también de lo que su audiencia decida.

A los tres atributos mencionados como receta del éxito de Big Brother habrá que sumar el cuarto punto que es la posibilidad de entregar el poder absoluto a la audiencia a cambio de un pago por ello. A la persona ya no solo la observamos y escuchamos, también la controlamos.


Famosos al servicio del mejor postor

A los influencers hoy los puedes tener tanto en vivo como on demand. En nuestra cuenta de Twitter les compartimos el éxito de Cameo, plataforma que permite a la gente comprar videos con felicitaciones y saludos de figuras públicas y celebridades. Aquí algunos de los datos más destacados:

1) Se generaron transacciones con un valor de 100 millones de dólares durante el 2020, lo que representa un incremento de 4.5 veces con respecto al 2019

2) De ese monto, 75 millones de dólares fueron repartidos entre los distintos creadores de contenido que forman parte de la plataforma

3) Se sumaron más de 10 mil creadores a la plataforma, de los cuales 150 generan ingresos que se cuentan en los cientos de miles de dólares

4) Los creadores de Cameo realizaron 1.3 millones de videos durante el 2020

5) El top de creadores en materia de ingresos estuvo encabezado por Brian Baumgartner (Kevin en The Office) con 1 millón de dólares generados, seguido por el ex mariscal de campo de Green Bay, Brett Favre; Snoop Dogg, Gilbert Gottfried, Chris Hrrison y Carole Baskin.


Mientras se plantea su IPO y busca levantar una ronda de inversión de 100 millones de dólares, Cameo anticipa que su intención es convertirse en el “marketplace para el tiempo de las personas”, es decir, que en un futuro la gente ya no solo podrá comprar videos, sino pagar para que puedas hacer cualquier actividad con tu celebridad preferida.


Si ya podemos pagar para elegir lo que deben hacer los influencers y ya podemos pagar porque nos feliciten, también es posible pagar porque interactúen con nosotros en redes sociales. Pearpop habilita esa posibilidad para que creadores de Tik Tok puedan pagar y cobrar por sus interacciones en colaboración con otros.

Así, pasamos de los bots que incrementaban el número de interacciones a las celebridades que a partir del pago aparecen en el video de cualquier tik toker con ganas de crecer. Una pregunta: ¿también tendría que ser sancionado por las plataformas?


The Muffin to go:

-New Royals, New Media, un análisis de Axios al escándalo del Megxit

-María Jesús Espinosa de los Monteros entrevista a Carlos A. Scolari, autor de “las leyes de la interfaz” y “cultura snack”

-Durante la pandemia, la gente visita más sitios, pero dura menos tiempo leyéndolos.

-Netflix quiere crecer su número de suscriptores. ¿Cómo? Buscando que los usuarios de una misma cuenta estén en la misma casa.

-Nueva comedia de HBO Max estará basada en la cultura tóxica de Bon Appetit