¿Cómo debe cobrar un periodista en la Journalist Economy?

O por qué carece de sentido que un solo sueldo incluya que hagas todo tipo de formatos

Storybakers:

En Panmedials, los medios de la pandemia consigné la que he llamado porosidad de talento como una de las grandes responsables de la crisis de la industria de los medios de comunicación. El término lo acuñé a modo de juego de palabras en referencia a la densidad de talento con que se maneja Netflix, como lo menciona Reed Hastings en su libro.

El principio va de tener sólo a los mejores entre sus filas. Lo explicó así en mi libro:

Escribe Reed Hastings en su libro “No Rules Rules” que el primer paso para crear una cultura organizacional ganadora es fomentar la densidad de talento, es decir, garantizar que cada trabajador de la empresa tenga un talento extraordinario tanto en sus capacidades profesionales como en el manejo emocional que pueda tener de las situaciones desafiantes que presenta cualquier industria. Refiere, para validar su caso, a una experiencia negativa, única en su tipo para Netflix, en la que se vio obligado a despedir a un tercio de sus empleados frente a la crisis de los punto com que se vivió en el 2001. En aquel momento, según recuerda, temía que a los desalentadores resultados provocados por el mismo escepticismo en torno al valor de las plataformas digitales se sumara el desánimo de los trabajadores que conservaran su empleo, lo que es además una constante en startups, donde el conocimiento y contacto que tienen unos con otros lleva a una familiaridad que dificulta la separación de lo profesional y lo personal.

Semanas después de los despidos, sin embargo, la reacción fue contraria a lo que esperaba. Encontraba un ambiente proactivo, lleno de energía y con sus empleados trabajando el tiempo que fuera necesario para cumplir con las metas que se habían establecido. El hecho le resultó tan complejo, según cuenta, que le llevó largas pláticas con Patty McCord, entonces Directora de Recursos Humanos de Netflix y amiga personal de Reed, concluir que la clave de ese cambio en el ambiente laboral se fundamentaba en haber dejado espacio solo para los mejores, lo que derivaba en una búsqueda de superación constante de cada uno de los integrantes. Hasta antes del recorte, incluso con una mayoría de personal con capacidades sobresalientes, aquellos que no alcanzaban esos niveles de excelencia llevaban a la disminución de nivel del resto. Dicho en palabras comunes, es suficiente una manzana podrida para que con las demás ocurra lo mismo. 


Los medios de comunicación, apunto en Panmedials, se están quedando sin el talento más calificado. En parte porque han perdido relevancia como herramienta de distribución, pero también porque en muchos casos no está alineado lo que el periodista dice querer hacer y lo que se le pide que haga.

Mientras Netflix reúne las condiciones para aspirar a tener a los mejores, los medios o no ofrecen esas condiciones o ni siquiera se interesan en cubrirlas dado que continuan en la dinámica de hacer mucho al menor precio, característica que abunda entre los publishers fundamentados en la carrera del alcance y en la conquista de algoritmos. La porosidad de talento en los medios es intencional en muchos casos. Un balazo en el pie que nos hemos permitido.

Si las plataformas tecnológicas hoy ofrecen mejor distribución e incluso mayor posicionamiento, la principal razón de un periodista para estar en un medio sería la económica, pero en este rubro también los medios suelen ofrecer soluciones de supervivencia más que de desarrollo y bienestar. “De periodista no te vas a hacer millonario”, suelen decir los experimentados a los jóvenes con una mezcla de romanticismo y resignación cuando alguien decide abrazar la profesión.

Y si bien los hechos demuestran que la afirmación es precisa, ha de entenderse que la Creator Economy es también la Journalist Economy y que por tanto ha de reinterpretarse el modo en que un periodista se relaciona con un medio de comunicación, incluso cuando es contratado como parte de la nómina.


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¿Debe un periodista hacer de todo a cambio de un solo sueldo?

Al periodismo se le quiere volver a relegar del universo de la creación de contenidos. Hacerlo resulta conveniente para la industria de medios. Bajo el argumento de valores e ideales que no están como rubros obligatorios en la creación de contenidos en general, la industria pretende crear formas distintas de lidiar con el talento periodístico, pero en la práctica, entendiendo a periodistas como individuos que viven de su capacidad para contar historias e informar, ellos también son parte de la Creator Economy, o de la Journalist Economy, término que he acuñado para referirme a por qué no es congruente pensar que un solo sueldo sea suficiente para exigir a un periodista que desarrolle todo tipo de formatos para un medio de comunicación.

Hace años se aceptaba entre periodistas que era fundamental aprender a desarrollar contenido en distintos formatos para poder satisfacer las necesidades cambiantes de la industria, sobre todo a partir de los productos que las grandes redes sociales impulsaban en ese momento. Al interior de las redacciones abundó la generalización antes que la especialización. A los reporteros se les demandó hacer de fotógrafos, de editores de video y hasta de community managers para cubrir un evento en vivo sin demora alguna. Todo por un mismo sueldo.

Dado que hoy todos tenemos capacidades fotográficas y de video en nuestro smartphone, resulta natural asegurar que hemos de desarrollar capacidades en esos rubros para poder realizar nuestro trabajo, pero también que esa evolución tendría que ser recompensada de forma distinta, dado que esa misma distinción de formatos ya se está impulsando desde la Creator Economy y desde el modo en que las distintas plataformas ofrecen esquemas de monetización para publishers y creadores.

Mientras la Creator Economy apunta a que un creador pueda monetizar desde tuits hasta sus apariciones en salas de audio en vivo, pasando por newsletters o por el desarrollo de podcasts exclusivos para suscriptores, al periodista dentro de un medio se le suele exigir que haga todo lo que sea que se presente a partir de un sueldo que puede haber sido acordado incluso antes de que ese formato estuviera en boga, o incluso antes de que existiera.

El problema del multitasking a cambio de un solo sueldo, por lo general escasamente atractivo, se reduce entre los grandes referentes anglosajones y, quizás, entre los principales medios de habla hispana, dado que sus organigramas incluyen una granularidad que hace innecesaria y ocasional la participación de, por ejemplo, un reportero de calle para que haga de guionista de una temporada de podcasts. Pero la mayoría de publishers pretende incursionar en nuevas plataformas y habilitar nuevas avenidas de negocio sin garantizar o siquiera comprometer ingresos adicionales para el equipo que desarrolla esos proyectos experimentales.

La disyuntiva para los periodistas va más allá de tener que tomar imágenes con su smartphone o de tener que publicar un tuit. Ante el apogeo de los podcasts y los newsletters, la tentación de los publishers es designar a recursos que ya tienen en sus filas para poder desarrollar nuevos proyectos a costo cero. Cuando hay inversión, suele ir para contratar talento externo que presente el producto, no para el que ya está en nómina, que en muchos casos será el que provea la columna vertebral del nuevo producto que el medio estará presentando.

Estar en la nómina de un medio puede no solo significar que tendrás que hacer mucho por el mismo sueldo, sino también que con frecuencia pondrás tus ideas a disposición de creadores externos que terminarán siendo las caras visibles de ese producto en el que tú has participado.

La Journalist Economy tendría que emerger desde los propios medios para generar nuevos incentivos que permitan a quienes ya están en nómina, acceder a bonificaciones, sociedades y colaboraciones que construyan un terreno parejo entre el creador externo y el que aún siendo parte de una empresa ha aportado a través de su talento y de sus ideas una nueva oportunidad de monetización y distribución.


¿Cómo evitar que el periodismo bien pagado sea exclusivo del periodista o presentador celebrity?

La Journalist Economy se enfrenta al mismo desafío de la Creator Economy: construir condiciones para que una clase media (o no viral para decirlo de otra forma) pueda encontrar mejores condiciones económicas al momento de realizar su trabajo. En caso de no atender ese punto medio que está entre el periodista que no hace más que redactar notas en su definición más básica y el periodista o influencer que tiene miles de seguidores, en las redacciones imperarán periodistas de bajo perfil, que cuando experimentan en nuevos formatos no lo hacen bajo una perspectiva de autor sino como nuevas responsabilidades asignadas por una empresa que le seguirá dando un sueldo que validará no sólo que el periodismo no hace millonarios, también que a cambio de un sueldo estás comprometiendo la totalidad de tus capacidades como storyteller; es decir, no ganarás más por lo que haces en tu trabajo, pero tampoco tendrás la libertad de ir a presentar esos proyectos a plataformas externas que podrían ofrecerte mejores condiciones para incursionar en formatos por los que no fuiste contratado y que has decidido explorar.

En la Journalist Economy, el vínculo entre periodistas y medios ha de ser reconfigurado. Carece de sentido contemplar que los buenos periodistas al interior de las redacciones acepten estar tras bambalinas y sin nuevos ingresos, mientras los medios en que laboran realizan estrategias de posicionamiento intensivo para creadores externos. Para estos, ingresos significativos y exposición. Para los que están en nómina, el mismo sueldo de siempre.

Si se pretende resolver este problema a partir de un solo sueldo, éste ha de ser lo suficientemente lucrativo para que el trabajador se convenza de ceder su capacidad creativa a una empresa. Si se aspira a detener la porosidad de talento en los medios, habrán de habilitarse convenios vivos, que reconozcan que en una industria con tan diversas fuentes de monetización, ha de atribuirse el justo valor a la aportación de las personas en cada una de ellas.

A los medios, como me lo cuenta Blanca Juana Gómez, directora de Expansión Publishing, ha de quitarles el sueño pensar cómo mantenerse cercanos a los máximos talentos periodísticos, tanto para incorporarlos al día a día del medio como para ser atractivos en una potencial colaboración. Entre todos hemos de trabajar en el desarrollo de la Journalist Economy. No para alimentar la utopía de crear nuevos millonarios a partir del periodismo, sí para que los ingresos y valoración del trabajo no dependan únicamente de la popularidad que se tenga. Pruebas abundan de que poner siempre por encima el alcance no termina dando buenos resultados.

Si los medios logran pasar de la porosidad a la densidad del talento, pronto estaremos en un mejor lugar.