¿Creator Economy o Mientras Me empleo Economy?

Algunos sólo buscan el trabajo de sus sueños...o sobrevivir

Storybakers,

Crear contenido, ya fuera de una manera artística para la autoexpresión o con interés comercial para un tercero, era una cuestión de privilegio en dos vías inherentemente ligadas a lo económico:

  • Cultural: consumo de influencias y referencias para la creación de otros productos en contenido. Un músico podía generar canciones de mayor vanguardia, conforme su visión del mundo aumentara. Un editor e ilustrador podían formar una revista con propuestas más novedosas si estaban expuestos a otros títulos mundiales. Un director de vídeos con mundo estaba versado en influencias más allá de lo curado por otros en televisión abierta. En tiempos pre internet, era necesario desembolsar grandes cantidades en productos importados o ser de una clase social que permitiera viajar demasiado.

  • Tecnológico: incluso en tiempos post Napster, el consumo de productos culturales de todo el mundo no era garantía de crear contenido en libertad, especialmente en áreas de vídeo y audio. Un podcast requería micrófonos, computadoras y consolas a precios prohibitivos. Un videoblog decente pedía una computadora potente para editar y cámaras especializadas. Luego del auge de los smartphones y las plataformas sociales (Twitch, Facebook, YouTube, TikTok, Instagram, Twitter) prácticamente cualquier teléfono desde $100 USD es la llave de entrada a poder generar contenido que trascienda fronteras.

Las dos grandes revoluciones que tiraron ambas barreras fueron el uso masivo del internet a finales de los noventa, dejando de ser una excentricidad para volverse una necesidad como tener teléfono o energía eléctrica en cada hogar, y la llegada de móviles Android de bajo costo e incluso el impulso de Apple a “un iPhone barato” desde el iPhone 5c.

Dichos fenómenos son parte de los pilares de la Creator Economy, donde -como apunta Mauricio Cabrera en Panmedials - cualquier persona con un móvil de gama media es ya un rival para tomar el trabajo o utilidad de un periodista o creador de contenido.

Finalmente estamos en dicho punto, el de la tecnología accesible e e información a la mano, para que quien sea pueda convertirse en un referente por su escritura, capacidad de baile, edición de vídeo, ideas en voz o creatividad en audio.

Vamos al grano: un asunto es poder amasar cientos de miles de visitas o seguidores y otro es vivir de dichas gracias. Es más, para bastantes el si quiera obtener un dólar ya sería algo extraordinario.


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La Creator Economy: ligas, historias y briefing diario sobre la economía de los creadores

La Podcastería: el punto de reunión para creadores de audio,


El sueño de las plataformas no siempre es el del creador

Partimos de una anécdota. En días recientes me pregunté qué había pasado con Deez Links, uno de los primeros newsletter estrella emanados de Substack y el que demostró el caso de cómo una autora desconocida (Delia Cai) podía hacerse de un prestigio desde la plataforma. Y lo mejor de todo: en un formato que prácticamente es el estándar del newsletter moderno, a diferencia de aquellos que prácticamente son blogs en correo electrónico.

Al buscar palabras clave en mi Gmail, encontré que Deez dejó de publicar en definitivo a inicios de Julio de 2021 luego de que semanas antes se anunciara una pausa en el proyecto. Delia Cai explicó que había aceptado una posición fija en Vanity Fair como corresponsal, además de estar trabajando en un libro para Random House, por lo que no tendría tiempo para seguir entregando Deez - una mezcla de comentario, curaduría de ligas y clasificados sobre medios - con la calidad habitual.

Finalmente, agradeció a sus lectores y seguidores por acompañarla desde 2016 y “haberme ayudado a encontrar mi voz”. En teoría, la historia de éxito de Deez Links lo fue también para Substack, hasta que no.

Por ejemplo, la autora de Deez Links era un caso tan emblemático para Substack que incluso usualmente era considera como un newsletter muestra y seguido era parte de sus ternas de jurados y mentores para redactores novatos.

En un mundo ideal para Substack, o cualquier plataforma que busca la viabilidad económica desde una comisión a los creadores, sus abonados logran vivir de las ganancias dentro de la plataforma, precisamente sin necesidad de buscar empleos prestigiosos.

Es cuando La Creator Economy conoce la realidad de la Gig Economy. ¿Estamos trabajando para ayudar a Patreon o Substack a lograr su valuación por nuestras comisiones? ¿O en verdad somos nuestros propios jefes?

¿Es una relación de emprendedor o de repartidor sin respaldo alguno de Didi / Rappi?


Mientras Me Empleo Economy

La narrativa modelo de Rappi y de una plataforma de La Creator Economy es prácticamente la misma: controla tus tiempos, vuélvete responsable y gana según tu esfuerzo.

La realidad latinoamericana, suele ser también la misma: son ganancias paliativas para salir del mes (completar la paga, de acuerdo al argot de cada país) o bien es un mientras trabajo.

Más bien son casos de Mientras Me Empleo Economy ya que en medio de las crisis económicas que suelen azotar de manera natural (la última por la pandemia) a Latinoamérica, surgen cientos de medios en la plataforma de moda. Hace cinco años eran las pages de Facebook, hace 15 eran los blogs que iban a devorarse a los medios tradicionales, y hoy son los podcasts con newsletter integrado. O viceversa.

Cuando la situación económica se recupera, los proyectos de contenidos independientes se ponen en pausa por falta de tiempo y viabilidad, mientras se vuelve al redil de las corporaciones para tratos más lucrativos.

Pocos trascienden dicha barrera.

Y es que por más que apele al ego que uno viva de su marca personal o su propio medio, los datos indican que es improbable pasar de creador amateur a profesional


Vivir del a̶r̶t̶e̶ contenido

Un gráfico reciente de Signal Fire, fondo de capital enfocado en la Creator Economy, lo demuestra: pocos viven realmente de crear contenido y muchas plataformas buscan obtener algo de sus comisiones.

El estudio fue elaborado por Josh Constine, inversionista y ex analista de TechCrunch, quien apunta que menos del 7% de los creadores tienen dicha actividad en el rango de profesional.

A pesar del mar de plataformas disponibles, la mayoría lo hacen sobre YouTube (por razones lógicas como los Google Ads y el CPM del vídeo) mientras que hay formas híbridas en Instagram y Twitch, que usualmente se prestan a avenidas directas entre creador y marcas. En las tres plataformas puntero, se acostumbra pedir donaciones a los seguidores a manera de propinas o membresía.

Como dato al margen, hay todo un ecosistema detrás para el apoyo en creación o monetización, en busca también de algo de las ganancias de los creadores:

De hecho, para ese 7% prácticamente las herramientas de marketing y publishing para plataformas se vuelven parte de la Creator Economy, entrando a terrenos profesionales que solían ser exclusivos de agencias y medios.

Comprendiendo la primera gráfica, es natural que las marcas (el principal cliente de YouTube y el único elemento del Sponsored Content) sean la fuerza detrás de La Creator mientras que apenas va tomando fuerza el tema de suscripciones.


El principal valor de los medios y marcas (aún): su prestigio

A pesar una darling del ecosistema Substack, Delia Cai prefirió dejar de lado su propia plataforma personal (Deez Links) para aplicar y obtener un trabajo soñado por cualquier periodista a nivel mundial: ser corresponsal para Vanity Fair.

Al mismo tiempo, firmó con Random House para sacar su novela en lugar de hacerlo por la ruta independiente y monetizar a su base instalada de seguidores.

Si bien es un ejemplo en extremo anglosajón, es una muestra de que el trabajo de tus sueños en un lugar prestigioso aún es valioso, antes que la continuidad de un proyecto personal.

Por eso, acuñamos el Mientras Me Empleo Economy. Las plataformas al servicio de la creación de nuestro propio nombre mientras logramos una oportunidad mejor en el híper realista mercado laboral de los medios y el contenido.

Ya lo vivimos a inicios de la década pasada, con los millennials geriátricos que se hicieron de un lugar en los medios a base de cautivar a sus futuros jefes desde tuitazos y blogs primigenios. Dichos espacios digitales, ahora acumulan polvo o han sido eliminados. Cumplieron su cometido: ser un currículum.

La gran pregunta es, ¿consideras que en América Latina y España aún existen marcas tan atractiva que te harían abandonar tu propio negocio de suscripciones o plataforma personal?