De las superapps a los supermedios

Lo que las plataformas tecnológicas pueden enseñar a los medios

Es momento de ir acuñando el término. De reconocer que la diferencia a la que nos aferramos entre un medio de comunicación y una plataforma tecnológica, en particular una red social como lo he dejado ver en el post anterior, es el alcance, el número de personas al que se puede acceder. Son tan poderosas y tan democráticas en términos de que cualquiera puede crear contenido y entrar en contacto con una audiencia que se asume que su naturaleza es diferente a la de un medio de comunicación, como el propio Uber que a lo largo de toda su historia ha asegurado que no compite con los taxis, pero en la práctica termina siendo lo mismo, solo que con un producto mejor y con posibilidades añadidas. Para seguir con la analogía de Uber, se le cuestiona por la mala paga a los conductores, por no reconocerlos como empleados, lo que se parece mucho al uso que las plataformas tecnológicas hacen del contenido y a los esquemas de monetización que ofrecen, de los que, como los conductores, siempre nos terminamos quejando.

Una de las batallas en curso en aspectos tecnológicos es el de las superapps que pretenden cubrir la mayor cantidad de potenciales necesidades de un usuario en un mismo espacio. Rappi busca hacerlo mediante la incorporación de nuevas categorías a su portafolio de servicios, incluyendo Rappi Gaming, Rappi Music, Live Events y Live Shopping, todo empaquetado bajo el paraguas del recién creado Rappi Entertainment. Oxxo, gracias al poderío de sus tiendas físicas y a la escasa bancarización de la población mexicana, como lo muestra este artículo que descubrí gracias a Whitepaper, ya es en cierto modo una superapp con la que puedas comprar créditos para Fortnite, comprarte una Coca o adquirir una suscripción para Netflix. El mismo camino está siguiendo Snapchat a través de Snap Minis, We Chat en China, y en términos generales todos aquellos con una base lo suficientemente amplia como para empezar a incrementar sus líneas de negocio. En ese contexto, las plataformas tecnológicas son un supermedio de comunicación dado que cubren las múltiples necesidades que podría tener un usuario frente a un suceso y en su consumo en general. Lo explico a continuación:

Contenido en vivo y On Demand: ningún medio de comunicación en su concepción tradicional se equipara a la capacidad que tienen Twitter y Facebook de poder combinar una oferta de contenido en vivo y bajo demanda de un mismo suceso.

En el entendido de que lo que antes era una conferencia de última hora presentada por las televisoras y radiodifusoras se convirtió en un producto que se emite desde las cuentas mismas de las dependencias y de los funcionarios públicos, ha de reconocerse que los medios, salvo que alcancen a hacer embed de esa transmisión, en cuyo caso adolecerán de la audiencia concurrente necesaria para opacar el alcance de las redes sociales, se han convertido en un repositorio a destiempo de lo que ya se vivió en redes sociales, como muestra las notas que se acompañan de tuits y que incluyen respuestas y reacciones igualmente generadas en ese ecosistema.

Los supermedios de comunicación, es decir, las redes sociales, tienen capacidades ilimitadas para dar cobertura en vivo a lo que sea que se requiera. Pero no solo eso, también se convierten en la mejor forma de consultar contenido on demand a partir del hecho de que gozan del taggeo soñado por cualquier medio de comunicación, con la fuente (un presidente, un futbolista, un cantante…) etiquetándose voluntariamente como creador de un contenido y con los hashtags correspondientes para empaquetar historias particulares con granularidad, como en su momento lo quisiera hacer el fallido pero bien intencionado proyecto de Circa.

Análisis y contextualización en tiempo real: las redes sociales tienen al mejor pool de especialistas de cada industria generando análisis al momento de lo que está ocurriendo. Mientras que en un medio de comunicación hemos de esperar a que concluya la transmisión de un evento (conferencia, partido, mensaje presidencial) para enseguida ver a un número limitado de analistas exponiendo un tema, en las redes podemos encontrar tantos especialistas como queramos tuiteando en ese momento y concentrando sus reflexiones en hilos que quizás después, a destiempo, podremos encontrar en un medio de comunicación tradicional. Los medios pagan por lo que las redes sociales reciben de forma gratuita.

De las encuestas al termómetro social en vivo: un factor que intriga a cualquier persona frente a un acontecimiento es el de la reacción que tendrán personas ajenas a él. Si un político popular emite un mensaje polémico, existe deseo de ver cuál es el resultado del mismo. Salvo por las encuestas y por la inserción ultra moderada de tuits, las televisoras se han quedado atrás en su capacidad de concentrar lo que la población, escenario distinto al de las redes sociales concentrando el sentir de millones de personas.

Equipo humano : un medio de comunicación selecciona a su equipo de colaboradores/conductores en aras de que se construya una relación con audiencias específicas. Para lograrlo invierten cantidades de dinero significativas, sobre todo en el caso de radiodifusoras y televisoras, que les permitan contar con ellos. Bueno, las redes sociales los tienen gratis y con posibilidades de entrar al aire cuando sea que ellos lo decidan, ya sea frente a un breaking news, donde será del interés del susodicho aparecer para atender la demanda, o en espacios libres, donde cada uno hace lo posible por mantener el interés en él aunque no exista nada que reviente la agenda.

Erika Nardini, CEO de Barstool Sports, plantea una posibilidad que es extraordinaria, la de democratizar los derechos de transmisión para ponerle las voces que queramos. Imaginemos que Twitter compra los derechos de transmisión de la Champions League y habilita el streaming para que cualquier usuario suyo pueda hacer la narración del mismo. De golpe tendríamos a toda una población con capacidades de poder construir un estilo y una audiencia. A las televisoras que comparten derechos, se sumarian youtubers, locutores y usuarios haciendo sus propias narraciones. Esa sí sería una variedad de alternativas para todos los gustos.

Media Commerce: las redes sociales también se encontrarán en mejor posición que los medios para desarrollar la tendencia que he llamado Media Commerce, que es la venta de productos a partir de contenidos, ya sea de grandes producciones audiovisuales o de textos simples con una intención de venta. Por ahora, Facebook apuesta, sobre todo a través de Instagram, por el Social Commerce, que es la exposición de un producto y la venta del mismo en su misma plataforma, pero tarde o temprano esa alternativa se combinará con contenidos que sin tener por fuerza una intención concreta de vender pueda derivar en ello, es decir, lo que ha ocurrido con Gambito de Dama y su impulso a las ventas de tableros de ajedrez pero trasladado a los contenidos que se generen en las redes, como de hecho ya lo hacen creadores de contenido en YouTube.

El Media Commerce on Demand convivirá con el Live-Streaming e-commerce, que capitalizará las gigantes audiencias de las redes sociales y sus capacidades de instalar conversaciones para hacer negocio a partir de los contenidos.

De las superapps a los supermedios. Las redes sociales están listas para satisfacer lo que sea que necesitamos como consumidores de información y contenido.