El back to basics del periodismo

Cómo sobrevivir si no eres figura televisiva o influencer seguido por millones

Storybakers:

Antes de ir al envío de hoy, quiero recomendarles que escuchen mi plática con Gerónimo Ávila, CEO y Fundador de Sonoro Global Media, el network de podcasts en español que más fuerza ha cobrado en Latinoamérica incorporando a su red shows como Dementes de Diego Barrazas y Leyendas Legendarias, además de contar con producciones propias como Toxicomanía, en sociedad con Luis Gerardo Méndez, y Crónicas Obscuras.

En The Coffee, hablo con él sobre los desafíos de la industria del audio, sobre cuánto presupuesto debe invertirse en contenido original, sobre el futuro de la voz como el hilo conductor de nuestra conversación con la tecnología a partir del Internet de las cosas y de la conciencia que las marcas han de tener respecto a lo que pueden o no esperar de invertir en la industria del podcasting.

Créanme, es un must para todos los interesados en La Creator Economy, pueden escucharlo aquí.


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Les confieso que a partir del envío que hice sobre el desaprendizaje del periodista me he obsesionado con ello. Diría incluso que no lo he manejado del todo bien, pues he pasado por momentos de ansiedad e incluso de cierto enojo ante lo que representa enfocarse en actividades en las que no somos los más avanzados. Aunque duele, estoy convencido que es el camino que hemos de seguir. Les explico…

A los periodistas podemos dividirlos en tres clases:

1) Periodista legacy: periodistas de radio, tv e impresos que desde plataformas tradicionales construyeron una audiencia que los acompañará a donde sea. Es altamente probable que no conquisten audiencias más jóvenes, pero sí que podrán envejecer con ellas tanto en las plataformas de siempre como en aquellas a las que decidan trasladarse, ya sea porque se desvinculan del medio tradicional o porque deciden prepararse para un futuro descorporativizado.

Ellos no tienen que innovar. Se espera que hagan lo mismo de siempre donde quiera que estén. Dado que cuentan con audiencias masivas y dado que muchos llevan varios años en la industria, el trabajo no les faltará tanto por la gente que los sigue como porque han logrado conformar un grupo de amigos y gente de confianza que repetirá la fórmula en los proyectos en los que terminen participando.

En medios, aún en plena Creator Economy, abunda la reiteración, la falta de espacios en medios tradicionales que den voz a nuevos perfiles en vez de concentrarse en escuchar más de los mismos.



2) Influencer con audiencia masiva: es el equivalente al icono mediático pero hecho desde plataformas digitales. Dado que ya cuenta con un soporte lo suficientemente grande en una red, podrá emigrar a otra sin ser el mejor en ese nuevo entorno y será abrazado por un alto porcentaje de quienes ya lo siguen en la que hasta ese momento había sido su plataforma principal.

Si bien aún no son tan numerosos los casos de periodistas en Latinoamérica y España que se construyen más como creadores de contenido que desde el medio corporativo, sí son numerosos los creadores que en cierto modo ingresan a la arena del periodismo para generar contenido.

Si ex futbolistas y ex árbitros terminaron ocupando espacios que antes estaban reservados para los periodistas deportivos, los influencers que opinan y curan la información hoy son ya grandes referentes en YouTube, conducen programa especiales durante las elecciones (como lo hizo Chumel Torres apareciendo junto a Joaquín López Dóriga y otros periodistas durante la transmisión de Radio Fórmula) y compiten entre los shows informativos más escuchados en la radio mexicana.

Ellos han alcanzado su audiencia mínima viable ya no para emprender un proyecto, sino para sostener una carrera proclive a continuar creciendo en el tiempo.

3) Periodista corporativo: incluye tanto a posiciones de baja relevancia como a gente que hoy ostenta posiciones clave en las estructuras de medios de comunicación. Se trata de personas que han escalado o aspiran a escalar en la pirámide alimenticia de los medios tal y como los conocíamos. Es por mucho la categoría que más en riesgo se encuentra.

Los que aún se encuentran en la parte baja, donde podemos ubicar a redactores, becarios, community managers y reporteros, por mencionar algunos y corriendo el riesgo de generalizar, deben colocar como prioridad la construcción de una audiencia y, por ende, el posicionamiento de su marca personal.

Aún si cuentan con la aspiración de acceder a responsabilidades de alto nivel en un medio, deberán preparar el terreno para ese día en que se termine la relación con éste. De lo contrario, será un volver a empezar. El currículum a estas alturas es lo de menos. Vale más el contenido que creas para que te abran la puerta sin tú buscarlo que el CV con el que tocas a cada vez más puertas disponibles dado que ante la Creator Economy y las complicaciones económicas de la industria serán cada vez menos los grandes medios.

Quienes se encuentran en la parte alta, por lo general de edad más avanzada, tienen como principal ventaja un sueldo asegurado, pero a su salida del medio, que tarde o temprano ocurrirá, o estarán limitados a colocarse en alguno de los medios que busque capacidades semejantes o tendrán que pasar por un proceso de reinvención que los convierta en auténticos creadores de contenido.

Desde el medio corporativo se dominan múltiples facetas de negocio que son y seguirán siendo relevantes en una corporación, pero fuera de ella, salvo para ese momento en que haya que expandir un emprendimiento, sus aplicaciones podrían no ser tan valiosas.

Es deseable saber de optimización de buscadores, conocer el valor de los formatos publicitarios, tener experiencia manejando métricas, pero todo eso será útil siempre y cuando se logre crear una audiencia para lo que ese periodista necesitará priorizar sus capacidades de creación sobre su expertise en gestión.

Los periodistas corporativos, muchas veces demasiado cómodos con su sueldo para además contemplar la necesidad de posicionar su marca personal, no dejarán de existir. Son necesarios y valiosos. El problema es que solo habrá espacio para unos cuantos, lo que derivará en todavía más competencia por un puesto a cambio de un sueldo que puede o no representar mejores condiciones de vida que las de los creadores independientes.


¿Cómo debe producirse el back to basics del periodista?

En Not Boring han hablado sobre la Cooperation Economy, que refiere al modo en que los creadores de contenido colaboran para crear colectivos en determinados proyectos. Estas iniciativas suelen partir de la diferenciación clara y necesaria para el momento de la misma entre los distintos creadores. Y es aquí donde lo que puede sumar un periodista corporativo no entra, cuando menos en la primera etapa.

Un colectivo de creadores, por ejemplo, requiere de personas capaces de crear contenido en plataformas de nueva generación. Podría requerir también de guionistas y de fotógrafos. De músicos y de diseñadores de moda. Vaya, dependiendo la naturaleza del proyecto es que se determinan los skills necesarios, pero la contribución mínima viable por lo general sería la de crear contenido, y a los puestos intermedios y altos en un medio de comunicación se les suele distanciar de esa creación, lo que lleva a que ese trabajo que hoy les representa un modo de vida sea también la condena para su futuro.

Un periodista debe, ante todo, ser capaz de crear contenido. Esa virtud ha de ir por arriba de cualquier otra que se pueda tener. De lo contrario, se perderá del momento de emprendimiento de un proyecto y si es que llega a ser necesario, se le contratará como empleado en una iniciativa armada por otros.

Si hoy se piensa en el mejor perfil para emprender en Tik Tok, un director editorial difícilmente sería la opción preferida. Si se piensa en crear un canal de YouTube, es posible que no se coloque al frente al gestor de audiencias.

Que no se me malinterprete. La división de responsabilidades al interior de los medios debe continuar. Hemos también de aplaudir la especificidad de funciones en áreas tan necesarias para un medio como el SEO, la actualización del home, las analíticas y todo aquello que conforma el engranaje de un medio estructurado. Pero sí que hemos todos de estar conscientes del riesgo que implica empolvarnos en aquello que fue lo que nos llamó en primera instancia a estudiar periodismo o comunicación: la capacidad de contar historias a través de múltiples formatos.

Lo que para un medio de comunicación resultaría ocioso, para las personas que lo integran tendría que ser una obligación. Antes se hablaba del ejecutivo de TV que había comenzado jalando cables. La estructura era tan jerárquica que siquiera imaginarse a ese ejecutivo sirviéndose un café en vez de pedírselo a una asistente parecía una afrenta para él, pero esos tiempos han cambiado.

Hoy el periodista que quiera sobresalir en la Creator Economy tendrá que ser capaz de grabar piezas atractivas con su smartphone, de escribir textos poderosos con recurrencia, de producir posteos para Tik Tok, de crear carruseles en Instagram o de armar un paquete de Stories en la misma red. No importa cuánto gane. No importa el rol que tenga. Un creador de contenido es el que con un teléfono, con un micrófono o con una cámara es capaz de generar contenido que agregue valor a una audiencia, y son muchos los periodistas corporativos que no estarían en condiciones de hacerlo de buena forma.

Es la edad, sí. Pero también es el confort que nos dan las estructuras mediáticas. El periodista corporativo requiere de humildad para entender que a sus 40 o 50 años, con gente a su disposición que podría hacerlo por él, debe aprender a streamear como cualquiera. Que para la audiencia y para el negocio como se está concibiendo no hay jerarquías impuestas por una organización, sino contadores de historias que trascienden y otros que viven en el anonimato, aunque por él reciban un sueldo que hoy significa un buen nivel de vida.

Quienes tenemos más de 30 años, atrevámonos a hacer el back to basics de nuestra carrera periodística. Reconozcámoslo, después de todo suele ser más emocionante estar en la cancha que hacer de técnico o asistente desde la banca. Todo suma, pero de poco servirá si no somos capaces de arrancarnos el traje que llevamos puesto para volver a tener el espíritu experimental de quienes un día se atrevieron a tomar un micrófono y a encender una cámara sin siquiera saber cómo usarla.