El efecto Luis Miguel en el periodismo

O cómo Netflix promueve la granularidad que el periodismo en español necesita

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Al periodismo se le suele complicar aprender de aquello que no considera hard news. A este oficio, aún cuando la vida en el presente se cuenta a través de posts en Tik Tok y de la informalidad de las stories, le sigue gustando la solemnidad, los protocolos, las metodologías, lo que por ser o parecer serio se toma en cuenta. Pero a veces, aunque a las soft news no se les adjudique históricamente su lugar, emergen de ellas lecciones que deberíamos trasladar al resto de la industria. Como muestra el rol de la serie de Luis Miguel para demostrar el valor de la granularidad en los medios de comunicación en español, en particular en México, su principal mercado.

Si Netflix es capaz de con un documental detonar nuestra consternación por el uso que las plataformas tecnológicas hacen de nuestra información personal o de provocar un impulsivo interés por comprar un tablero de ajedrez, hemos de decir que al periodismo también lo ha influenciado, que su poder es tanto que ha provocado que los medios apuesten por una especialización tan alta en torno a la vida y obra de Luis Miguel que permite reflexionar lo que sería de otras temáticas si recibieran una cobertura tan detallada.

A continuación algunos elementos a considerar:

1) Verificación de datos: los medios en español, sobre todo los mexicanos, no suelen apostar por la verificación de datos ni siquiera ante los dichos del presidente, un contador de mentiras en serie, de acuerdo a la organización Signos Vitales. Pero cuando se trata de la serie de Luis Miguel, los medios se vuelcan a identificar entre la ficción y la realidad para que a la gente no le quepa duda de lo que en verdad ocurrió y de aquello que forma parte de las licencias creativas que se ha tomado la producción para mantener la atención del público.

Este proceso, cada vez más necesario por cierto ante la vaguedad de la línea entre la verdad y la mentira de las producciones basadas en hechos reales, habría sido útil ante series del narcotráfico, por ejemplo, donde es recurrente que al capo se le presente con una narrativa heroica que termina derivando en una apología del delito, e incluso, en admiración y empatía de los espectadores.

Quizás si de forma generalizada, como sí que ocurre con Luis Miguel, se produjeran este tipo de contenidos existiría otra noción a ese respecto. Y claro, ni qué decir de temas de la vida real que ameritarían un seguimiento a detalle de la industria, no solo de las contadas organizaciones que luchan contra el mal de la desinformación.

2) Análisis desinteresado: no es lo mismo hablar mucho de un tema que hablar bien del mismo. Dado que la historia de Luis Miguel va de un ídolo musical cuya historia ha trascendido generaciones y no de un político que viene acompañado por potenciales inversiones en medios de comunicación y sus consiguientes animadversiones, el comportamiento de los medios ante lo que se relata en la serie tiende a centrarse en los hechos. Los analistas, aficionados o profesionales, miran un episodio nuevo de la serie cada domingo, lo contrastan con la realidad, contemplan las potenciales versiones encontradas que puedan existir, y publican ambas sin que expresen mayor simpatía o inclinación editorial por una u otra.

En la política, en cambio, los grises han desaparecido. Cuando los medios y sus informadores son capaces de analizar, contextualizar y explicar desde el desapasionamiento, la audiencia adquiere un conocimiento profundo del tema que se está cubriendo. En el caso de la vida de Luis Miguel, los medios han contribuido a que se incremente el conocimiento sobre su obra y a que, además de todo, haya información a detalle ante cada hilo suelto que pueda quedar en la mente de los espectadores. En la política encontramos a medios sesgados, que documentan de forma selectiva, que no contrastan versiones, que atienden sus propios intereses.

Aunque para muchos sea burdo, lo que hacen los medios con la serie de Luis Miguel es un servicio a la comunidad. Ante la duda sobre lo que es real y lo que no, responden los medios de comunicación.

3) Productos especializados: “Luis Miguel, la serie” no solo ha provocado el desarrollo de contenidos especializados, sino también el empaquetamiento de los mismos como productos, ya sea a partir de un hilo temático que se ha hecho tradición por parte de Gustavo Serrano, International Publishing Lead de Buzzfeed, o mediante podcasts como El After, conducido por Romina Pons y Luisa Oceguera presentado por Fórmula Studios y RSS.com

Se trata de contenidos obsesivos, que atrapan a una audiencia, que se concentran en intereses particulares y que hurgan hasta en el más mínimo de los detalles para saciar la necesidad que tiene el público de entretenerse mientras se informa sobre la vida de Luis Miguel.

Para crear una verdadera economía, aunque sea micro, detrás de una tendencia es necesario generar productos con identidad propia. Si se empaqueta distinto, si se presenta a una hora determinada y con un compromiso consistente, ese producto tendrá la comunidad mínima viable que se necesita para empujarlo hacia delante, y de paso, acelerar posibilidades de monetización.

Si bien no se trata de medios particulares, sí se puede hablar de formatos específicos que validan el poder de las ultra especializaciones frente al generalismo. No es lo mismo, después de todo, el hilo de Gustavo, que debe una buena parte de sus más de cien mil seguidores a este ejercicio que inició desde la primera temporada, que la publicación de una nota cualquiera en un medio que lo único en lo que está pensando es en ganar algunas visitas a través del posicionamiento en buscadores.

4) Socialización diferenciada: es habitual que los medios se suban a las tendencias, pero no que lo hagan desde la información diferenciada. Ante los memes, los medios suelen responder con lo mismo, apuesta tan baja que termina diluyéndose ante la mayor creatividad de los usuarios de las distintas redes. En el caso de “Luis Miguel, la serie”, aunque algunos sí que han utilizado los memes como una forma de comunicar lo que ha ocurrido en el episodio, diversos medios sí se han tomado el tiempo de acudir a sus fuentes, de contrastar y de reconocer versiones pasadas de distintas publicaciones, incluso si son o fueron competencia, para agregar valor a la conversación.

Una serie de Netflix sobre una gran celebridad que ha ido en declive permite entender que la granularidad o hiperespecialización de los medios en diversas temáticas es una de las puertas con mayor potencial para transformar la industria y para generar nuevas fuentes de empleo en océanos azules que están esperando a ser atendidos. El periodismo, insisto, también puede aprender de Luis Miguel, quizás más de lo que Michelle Salas ha podido aprender de su padre (perdón, reconozco que soy adicto a la serie)


Crecer es tan sencillo como hacer un hilo

Es tan grande la necesidad de especificidad en torno a la búsqueda y consumo de contenido que la audiencia tiene suficiente con hilos recurrentes y bien investigados para reconocer a ese tuitero como una autoridad en un tema. La especialización paga bien. Si aún tienes dudas, aquí menciono algunos casos, todos ellos actuales, todos ellos en crecimiento constante:

1) June Lavin (@junelavin6): una española, estudiante de periodismo, que se ha hecho de 11 mil 972 seguidores y contando (hace unos meses no pasaba de los mil). Lo ha conseguido de forma insospechada: tuiteando obsesivamente sobre las Águilas del América, el club más ganador de México. Lo hace a la distancia, del otro lado del Atlántico.

En tiempos en los que a los medios deportivos se les ha acabado la creatividad, ella decidió crear contenido obsesivo sobre las joyas ocultas en las fuerzas básicas, sobre los movimientos tácticos del equipo y sobre el rendimiento de cada uno de los jugadores. Es ya un referente entre la afición americanista. Se le busca para conocer su opinión. Sus seguidores le mandan videos históricos para que se vaya empapando más del equipo. Es una influencer hecha a base de hilos en Twitter y de una pasión adquirida por el América. La especialización paga incluso donde parece no haber mucho más que decir.

2) Alex García (alexgarcia_atx): a comienzos de año. Alex tenía 5 mil seguidores en Twitter. Por esos mismos días, Sam Parr, fundador de The Hustle, lanzó a través de Slack un desafío para que los miembros de su equipo crecieran su alcance en redes sociales. Alex puso manos a la obra y hoy sus seguidores se cuentan por arriba de los 30 mil.

Si vamos a su timeline, Alex tiene como post fijado un llamado a 25 hilos que prometen servirte más que cualquier clase de marketing. Entre esos 25 hilos se encuentran “10 lecciones de Steve Jobs que todo marketero debería saber”, “La campaña publicitaria que cambió la publicidad para siempre”, “¿Cómo Absolut pasdó del 2% de market share a un 50% con una campaña publicitaria?”.

Su información no es exclusiva. Su mérito está en la curaduría sistemática que realiza, en el estilo que ha encontrado, en que cada uno de sus tuits agrega valor.

3) Kolby Hatch (@hatchkolby): impulsado por el éxito de Alex, Kolby Hatch, del mismo equipo de The Hustle, ha creado un hilo sobre el playbook que sigue The Hustle para tener éxito en sus envíos.

Más allá de que apenas inicia la misma dinámica de Alex, les dejo lo más relevante del hilo como un recordatorio de que tenemos la oportunidad de agregar valor en cada una de nuestros contenidos, y que si nosotros apostamos por la calidad, ahí estará la audiencia que se hará comunidad. Pasa con Luis Miguel, pasa con el América y pasa con los negocios.


Aquí el hilo completo