El ex CEO del New York Times es claro: los publishers tienen que exprimir todo lo posible de Facebook y Google

Cuando se buscan culpables acerca del estado actual de los medios digitales, no son pocos los que apuntan de manera acusatoria a Google y Facebook como los principales responsables de dos grandes temas: formatos que fomentan la desinformación y/o mal periodismo, acaparar el dinero de publicidad programática de los potenciales anunciantes de los medios.

Por eso es refrescante lo que dijo Mark Thompson, ex CEO del New York Times, en una ponencia organizada por WAN IFRA. Quien hasta hace unos meses fuera el ejecutivo que encabezara la renovación digital del diario a nivel negocios no pinta a las tecnológicas como villanas:

“El New York Times en 2020 ha tenido más de 250 millones de lectores, mucho de eso desde Google y Facebook, vamos a utilizarlos para lo que sirven: distribuir periodismo.

Si hablamos de crear un gran público, las plataformas pueden ser amigos o competencia, podemos ser sofisticados y convencer a la plataforma en un ganar - ganar. Hay que ser inteligentes para trabajar con ellos, nos están dando la posibilidad de conseguir nuevos públicos sin pedir dinero. Y están haciendo programas experimentales, que ofrecen dinero. Por supuesto, lo acepto.”

La postura de Thompson, que difiere bastante a la de otros colegas publishers o ejecutivos de la industria, considera un beneficio que ambas plataformas existan para ofrecer tráfico gratuito (mucho o poco) a los medios.

Además, no es ciego ante los programas de dádivas (como Google News Initiative o Facebook Journalism Project) que inyectan millones necesarios a las redacciones para lograr más periodismo y al mismo tiempo empujar la necesaria experimentación en formatos.

En el caso del NYT, admite no haber aceptado cada oportunidad por parte de las tecnológicas debido a principios muy concretos en las reglas del diario, pero bastantes veces fueron socios para lograr contenidos especiales en nuevos formatos.

Más allá de este tema, Thompson también fue insistente en que el auge reciente del NYT no tiene que ver enteramente con su postura adversarial acerca de Donald Trump, sino que era un asunto de renovación que se venía gestando desde antes:

-Desde 2016 pusieron en marcha un plan para renovar liderazgos en redacciones.

-El cambio no necesariamente vino de los integrantes más jóvenes, ya que -pone de ejemplo- existían cabezas de área de más de 50 años y con grandes ideas, pero que no sentían la autorización o permiso de proponer.

-El principal cambio en la cultura del Times: que la redacción -quien fuera- se sintiera libre de opinar, proponer y debatir.

-Era real, admite Thompson, la sensación de que el NYT era un periódico rígido, de muchas convenciones inamovibles y adverso al cambio. Esa fue la principal renovación.

-El cambio de liderazgos se dio porque hubo ejecutivos y directores de área que no se adaptaron a la dinámica de innovación. Aclara que no es que fueran malos profesionales, sino que no tenían lugar en la organización al ser contrarios al cambio.

-"El autoliderazgo tiene que abrir el espacio para el cambio. Nos vamos a apoyar, se pueden cometer errores. La batalla se gana del centro hacia abajo".

El amor venció a Trump en el NYT

Que sirva de lección a todos: las historias humanas son las que más voluntades mueven, incluso en el gran referente del periodismo a nivel mundial. Cuando Thompson habla sobre la nota más vista del Times en los últimos años no va sobre ningún escándalo publicado durante el gobierno de Donald Trump ni sobre los grandes conflictos que han estallado en la última década, sino sobre un texto publicado como parte de Modern Love en que una enferma terminal escribe unos días antes de su muerte buscando una nueva esposa para su marido, al que dejaría viudo unos días después.