El privilegio de los medios locales

Confesiones de un periodista

Storybakers:

Es viernes de “confesiones de medios locales”, un espacio que habilito para que profesionales de medios hiperlocales puedan dar a conocer su perspectiva sobre los problemas y desafíos de la industria, que si bien compartimos de fondo, se acrecentan o presentan dimensiones particulares cuando se trata de organizaciones que no operan desde las grandes ciudades latinoamericanas.

En esta entrega escribe Carlos Galeana, fundador y co-coordinador de manati.mx, medio de comunicación con foco en Puebla, México. Se trata de una publicación que promueve el periodismo inteligente, utilitario, con foco en las las grandes problemáticas sociales del estado. Su slogan, por cierto, llama a la reflexión: somos lo que contamos…. más vale que lo tengamos siempre presente.

Por si se perdieron la primera confesión de un periodista local, aquí pueden revivirla.

Si ustedes tienen una historia que contar desde el periodismo hiperlocal, escríbanme indicando el medio al que pertenecen y el ángulo de su reflexión. Este espacio está abierto para ustedes.


El privilegio de los medios locales (capitalinos) y otras reflexiones

Por Carlos Galeana (@CarlosGaleanaB)

Los medios de comunicación que se encuentran en las capitales de los estados se mantienen en una zona de confort. Hay que decirlo con todas sus letras: es un privilegio. Eso sí, no es lo mismo comunicar desde la capital de un país —como en Ciudad de México — que hacerlo desde la capital de una provincia. 

Pongamos de ejemplo el día en el que la portada del periódico La Jornada fue mencionada cientos de veces en las redes sociales de decenas de periodistas y analistas, debido a que en ella se leía como nota principal lo siguiente: "Financiado por EU, Artículo 19 nutrió el golpe contra México".

Para quienes no conozcan el contexto aquí les dejo una nota en la que se narra parte del suceso que detonó esa cabeza. 

Recuerdo que ese mismo día un colega, que en los últimos meses decidió mirar el periodismo desde espacios académicos, tuiteó lo siguiente: 

“Por cierto, la sorpresa por la portada de La Jornada evidencia que hace muchísima falta echarse una asomada a la prensa local en cualquier estado.

Es la misma fórmula: información (malintencionada y descontextualizada) para quedar bien con quien paga los convenios.”

Ese comentario fue respondido por un profesor investigador de la Facultad de Comunicación de una universidad del Bajío y decía lo siguiente: "Por eso sorprende, porque se supone que el periodismo de la capital tiene menos relaciones de dependencia con el poder económico y político. Hoy será un día soleado".

Después de releer ese par de comentarios estoy mayormente convencido con lo que publicó la primera persona, lo que para “medios —y periodistas— nacionales” resultó ser una especie de revelación o decepción, en muchos estados del país es el pan de cada día. Basta echarle ojo a las portadas de cada medio, sobre todo  después de un debate político por algún cargo público o tras una fuerte movilización social. 

Por cierto, escribo “medios —y periodistas— nacionales” entre comillas, porque, como dijo Francisco Trejo en el boletín anterior, estoy de acuerdo que en el imaginario colectivo se entiende “lo local” como toda empresa que se constituye fuera de la Ciudad de México, y consecuentemente, todo lo que se hace desde la CDMX “es nacional”. 

Esta cercanía desde las direcciones editoriales con los distintos niveles de gobierno y sin ninguna ley de medios de por medio, en la mayoría de las veces acaba perjudicando a una de las piezas clave: lxs reporterxs. 

¿Cuántas veces hemos escuchado o leído a compañeros y compañeras decir que todos sus comentarios son personales y no representan a los medios con los que colabora? ¿Cuántas veces hemos escuchado que algún reportero tuvo que preguntar algo que no quería en una rueda de prensa porque su jefe le dio la orden “para chingar” al funcionario?

La respuesta fácil para determinado sector podría ser que esas personas deben renunciar o comenzar a crear su propio proyecto periodístico, pero ojalá fuera así de fácil, o por lo menos todos y todas tuviéramos oportunidades equitativas para realizarlo.

Hace algunos años, cuando trabajaba como reportero en un canal de televisión local en la ciudad de Puebla, un colega me dijo que era de “los suertudos” porque el canal proporcionaba un vehículo para que el camarógrafo y yo nos transportáramos a las coberturas y porque mi salario oscilaba entre los 6 mil y 6 mil 500 pesos al mes —menos de 300 dólares—.

Hasta ese momento yo pensaba que ese sueldo era indigno pero lo disfrutaba porque era mi primer trabajo “con todas las de la ley”. Cuando le pregunté cuánto ganaba, él se limitó a decir que entre 3 mil a 4 mil 200 pesos al mes —alrededor de 208 dólares— y que de ahí mismo salían los viáticos para sus coberturas (🤡). 

Estoy casi seguro de que algún lector o lectora del boletín de hoy podrá decir que conoce a alguien en una situación similar —o peor—😰.

Falta de profesionalización

Antes de que comenzara la pandemia ¿cuántas invitaciones para encuentros, foros talleres o congresos de periodismo en México se nos atravesaron? ¿Cuántos de estos eventos se realizaron en el estado donde vives? Y si quitamos los que fueron organizados para estudiantes de comunicación y/o periodismo por alguna universidad, ¿con cuántos nos quedamos? Yo creo que me quedo con menos de tres, y creo que ya es mucho. 

De acuerdo con Google Maps, la ciudad donde radico está a menos de 135 kilómetros de la CDMX. Esa cercanía, hasta cierto punto, me facilitó trasladarme durante un par de años a algunos talleres y encuentros sobre periodismo. 

De todos los eventos chilangos —no lo voy a negar— casi siempre salí emocionado. Mi libreta se llenaba de apuntes y en mi cabeza no dejaban de caer ideas. Sin embargo, algunas murieron, se pospusieron o se alentaron porque recordé que en Manatí, un PYMED que co-coordino—y que fundé cuando estaba en los últimos semestre de la universidad sin saber que lo que tenía era un medio y no un blog— no tenemos a más de 45 personas en el equipo SEO y mucho menos a más de 80 en el equipo de redes sociales, sin contar al departamento de audiencias. 

Sí, algunas ideas que lxs rockstars del periodismo mencionan en estos foros son rescatables, pero creo que lo más valioso siempre es, ha y será encontrarse con periodistas de otros estados para dialogar y darnos cuenta que los problemas en torno al fomento de la “profesionalización del oficio” y el combate a la precarización se parecen más en los territorios del interior de la república. 

En este momento recuerdo que en uno de los últimos encuentros a los que acudí conversé con una compañera con mayor trayectoria que yo, que había sido jefa de información en un medio tradicional de renombre pero que decidió emprender un proyecto periodístico digital porque ya se había cansado de algunas prácticas, y porque prefirió “explotarse ella misma” aunque ganara por unos meses o años unos cuantos pesos menos que en sus antiguos empleos. 

También pienso en aquellos reporteros, sobre todo de periódicos impresos, que además de que invirtieron los escasos “ahorros” que tenían para pagar la inscripción y los viáticos para estar en algún foro en la capital del país, tuvieron que convencer a su jefe o jefa para obtener el permiso de “ausentarse”, así, entre comillas, porque mientras estaban prestando atención a alguna charla, recibían notificaciones de su medio exigiendo el envío de una nota “para hace 10 minutos porque ya todos la llevan”.

Ahora que lo pienso, por lo menos el “efecto pandemia” ha provocado que reporteros y reporteras que por diversas situaciones nunca pudieron trasladarse a algún congreso en chilangolandia aprovechen —aprovechemos— un sin fin de eventos en línea para continuar aprendiendo e intercambiando experiencias… y sin necesidad de estarle pidiendo permiso al de arriba. 

Autocríticas y oportunidades

En la entrada de este newsletter comencé diciendo que estar en una capital es vivir en una zona de confort, un privilegio. Esa reflexión, en parte, también es una crítica para mí como co-coordinador de un medio local, que aunque no tiene oficinas, prácticamente todo el equipo se encuentra viviendo en la capital del estado. 

¿Por qué? Paradójicamente, muchas veces nos acordamos que hay vida fuera de nuestro territorio cuando nos enteramos que en “x” comunidad hubo un enfrentamiento armado o desastre natural que dejó víctimas y/o muertos. 

Como medios, muchas veces también nos gusta tomar el discurso de amplificar las voces de ciertos grupos catalogados como minoritarios, pero olvidamos a los que todos los días nos acompañan. Es decir, a esa parte de nuestra audiencia que a lo mejor no consume nuestro contenidos en la ciudad donde se encuentra el medio, pero que sí tiene intereses similares, y que anhela ver actividades o historias aún más cercanas a su realidad. 

Cada quien piense en su contexto, yo pondré como ejemplo algo reciente que nos pasó en Manatí. Como medio, la agenda de género y de derechos humanos ha sido prioritaria; es por eso que en el marco del Día Internacional de la Mujer, mientras en la esfera digital se discutía sobre la criminalización que el gobierno estatal realizó en contra de las manifestantes por dañar algunos inmuebles durante las movilizaciones, además de dar cobertura a esos eventos optamos por hablarle a nuestras minorías, es decir, a aquellas con interés por los temas a los que damos cobertura pero que se encuentran fuera de la capital. 

En ese momento —por la inmediatez—, preguntamos por redes sociales a las y los lectores, así como a colegas que nos contaran qué pasaba en el interior del estado. Es decir, ¿se hablaba sobre esta marcha? ¿En sus municipios hubo protestas? ¿Fueron iguales, hubo violencia?. Enseguida recopilamos información relevante, nos enteramos que hubo algunas comunidades donde por primera vez había protestas feministas para exigir alto a la violencia de género o descubrimos que en algunos sitios —que a veces ni siquiera miramos en las estadísticas que nos da Analytics— hubo pequeños campamentos para exigir justicia por los feminicidios… y que teníamos lectoras leyéndonos en esa zona. 

El resultado fue favorable. Algunas personas descubrieron nuestro trabajo, otras se reconectaron y recordaron que hay vida más allá de las capitales. También ayudó a que meses atrás publicamos un pequeño mapa de cómo el movimiento feminista ha ido descentralizándose —algo similar a lo que pasa o debería pasar con los medios—. 

Considero importante que como empresas periodísticas locales, sin importar el tipo de cobertura que hagamos o el tipo de medio que seamos, tenemos la oportunidad de generar trabajos que trasciendan de nuestro territorio. Para esto es importante escuchar y dialogar, dos cosas que desde mi punto de vista no hacen la mayoría de los medios nacionales que siempre presumen ser los más cliqueados en los rankings. 

Desde lo local también se puede innovar, es importante que dejemos de ver esta palabra como sinónimo de tecnología digital que cuesta miles de pesos. Para tener una explicación más detallada siempre me gusta recordar lo que ha hecho El Bus Tv, en Venezuela. 

¿Y desde lo nacional? Pienso que muchos deben comenzar a horizontalizar algunos de sus procesos y recordar que los medios que se encuentran fuera de la capital no sólo sirven para robarles sus tuits e insertarlos en sus notas o para citarlos en éstas sin siquiera hipervincular al portal.

¿Y de manera general? Dejar de dialogar entre periodistas todo el tiempo, tejer alianzas, escuchar a nuestros lectores y sobre todo, a muchas personas que aparentemente son ajenas a nuestra área pero que si les prestáramos un poquito de atención, podríamos darnos cuenta que, en una de esas, las generaciones venideras dejen de replicar que “la crisis es de los medios, no del periodismo”.


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