La individualización del éxito

SAN FRANCISCO, CA - JUNE 06: Apple CEO Steve Jobs delivers the keynote address at the 2011 Apple World Wide Developers Conference at the Moscone Center on June 6, 2011 in San Francisco, California. Apple CEO Steve Jobs returned from sick leave to introduce Apple's new iCloud storage system and the next versions of Apple's iOS and Mac OSX. (Photo by Justin Sullivan/Getty Images)

Otra vez el sonido de las teclas. Volver a empezar lo que muchas veces ha iniciado. Y también lo que muchas veces ha terminado. La productividad después de la pausa. La adrenalina tras el receso. E incluso el dolor tras la abstinencia.

El tiempo es personal. Aunque los minutos y las horas duran lo mismo para todos, la voluntad, el ingenio y la convicción hacen que el esfuerzo y su duración sean tan maleables como la disposición de cada uno ante la tarea que esté por afrontar.

Se diría que hoy estoy más lejos del éxito que cuando escribía dos veces por semana de manera ininterrumpida. Y todavía más lejos que en aquellos tiempos en que publicaba a diario. Lógica y matemática pura. A mayor producción, mayor estructura. Pero la producción en masa está sobrevalorada en un entorno que necesita más diferenciadores que maquila. Se debe crear lo suficiente para existir como un concepto que se hace realidad. También se debe crear con el suficiente tacto como para que lo que hacemos no se convierta en algo tan común como una bolsa de papas en una tienda de abarrotes. Estrategia más que impulso. Precisión quirúrgica más que bombardeo sin objetivo específico.

Mientras las redes acostumbraron a medios y usuarios a vomitar contenido, hace ya un tiempo que las exigencias de la audiencia calificada, esa que tiene el interés suficiente para algo más que una lectura superficial y el poder adquisitivo y la conciencia para reconocer que el trabajo profesional merece una retribución económica, apunta al respeto a su tiempo y al reconocimiento de su inteligencia tanto como consumidor como en su faceta de potencial proveedor de información y opinión para una comunidad determinada.

Cualquier creativo, como en términos generales cualquier usuario que se ha tomado el tiempo de abrir un perfil en redes sociales, tendría que luchar por recuperar su individualidad en medio de la homogeneización. La unicidad de las personas sólo podrá recuperarse a partir del retorno a los espacios cerrados, donde cada quien está acompañado por quien quiere, por aquellos con los que comparte intereses o cuando menos por aquellos que sean identificables a partir del nombre y el apellido. Las conexiones sociales, cuando son gobernadas por los algoritmos y por la búsqueda de popularidad en que derivan, se transforman en generadores de ansiedad más que en plataformas de libre pensamiento para que una persona cree, reflexione y diga lo que opina sin atropellar y sin ser atropellado por otros.

La sensación de urgencia ocurre en actividad y en reposo. Si hago, quiero que sea tan rápido como otros. Tan exitoso como otros. Tan comentado como otros. Si descanso, recibo notificaciones constantes sobre lo que otros están haciendo. Mientras duermo, nuevos influencers alcanzan a millones de seguidores. Y así se consolida la ansiedad como un modo de vida. Las redes sociales y lo que de ellas emana se han convertido en el mejor sustituto del azúcar. Estrés en modo 24/7. Ansiedad por hacer más, por no hacer lo suficiente, por hacerlo demasiado lento, por no hacerlo. Si vas ganando, tienes asegurado que el pelotón ha emprendido la carrera para superarte. Si estás en el montón, te sientes en la medianía, o en la mediocridad, que equivale a lo mismo. Y si vas hasta atrás, la vida se encargará de escupirte que eres un perdedor. No hay calma ni tregua. No hay pausa ni respiro. De ahí la improvisación. El triunfo de la supervivencia sobre la realización.

Toca quitar las extensiones artificiales que componen nuestro cuerpo.Retomar el mando de nuestra individualidad a partir del ejercicio de nuestro derecho a cerrar sesión, desinstalar una app, cancelar nuestro perfil en una o más redes sociales o simplemente a elegir que podemos pasar un día sin atender los mensajeros instantáneos. Si lo hacemos, si somos capaces de viajar sin que la cámara de nuestro smartphone nos haga vivir para otros más que para nosotros, estaremos más cerca del éxito. Aunque escribas una vez al mes, dos a la quincena, tres a la semana, o diario. No es que el éxito sea abstracto, es más bien que el concepto de éxito tendría que ser tan único como el tiempo que tenemos de vida.

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