La opinión se apodera de los medios

O cómo cada persona es un modelo editorial

Storybakers:

Como saben, Twitch es una de las plataformas en boga a partir del posicionamiento que incentiva para los creadores de contenido en múltiples categorías. En preparación para el lanzamiento de las primeras apuestas de Story Baker en Twitch, donde ya tenemos presencia a través de Ladrones de Negocios, he platicado con Ignacio Estanga, Director de Content & Partnerships en Twitch Latinoamérica. Les recomiendo escucharlo para conocer el qué, cómo y por qué de las estrategias que han de desarrollar para impactar en dicha plataforma.

Además, como ya es costumbre en Story Baker Daily a través de Clubhouse, este miércoles a las 12:00 hrs. (Tiempo de México) estaremos organizando un room con Pepe Cerezo, quien hablará sobre el dosier que ha publicado hace unos días sobre cómo deberán operar las redacciones Post-Covid. Los esperamos y recuerden que si quieren una invitación pueden registrarse en nuestro directorio de periodistas en Clubhouse, donde en breve comenzaremos a enviar reportes sobre lo que ocurre en esa plataforma desde la óptica del periodismo.

Escuchar podcast con Ignacio Estanga


La clave en tiempos post-covid para los medios de comunicación será el modo en que gestionen su relación con sus columnistas o colaboradores. Si ya en envíos anteriores les he hablado sobre cómo los medios buscan replantear su relación con los creadores de contenido a través del modelo Media to Journalist y del desarrollo de estrategias que apunten a tener distintos Netflix de los periodistas, ahora me centraré en el creciente dilema que representa el protagonismo de los creadores de contenido, cada uno con un modelo editorial y de creencias que pueden o no representar las opiniones del medio, y el hecho de que los propios lectores, movidos por el ánimo que prima en las redes sociales, buscan ante todo la interpretación de los hechos (opinión) más que la consignación de los hechos (información).

A estas alturas podemos decir que la relación entre opinión-información es más complicada que nunca. En los últimos meses, como consigna el Nieman Lab, tanto el New York Times como el Wall Street Journal han tenido que realizar cambios estructurales y activar campañas para garantizar que las opiniones editoriales que se publican en sus medios cumplan con los estándares corporativos, lo que con frecuencia derivará en un estira y afloja entre los periodistas que hoy exigen más libertad que nunca y los medios que justo cuando más necesitan a los creadores, más rigurosos tendrán que ser respecto a lo que hospedan en su medio, pues la simple mención de que tal o cual colaboración no representa la opinión del medio será insuficiente para hacer control de daños ante la potencial reacción de la audiencia, e incluso, a nivel interno, como le ha ocurrido al New York Times.

A continuación un par de casos para explicar lo que está ocurriendo:

-En plena pandemia y con el movimiento Black Lives Matter en boga tras el asesinato de George Floyd, el entonces “editorial page editor” del Times, James Bennet, autorizó la publicación de un artículo firmado por el senador republicano Tom Cotton que llamaba a utilizar la fuerza militar contra los manifestantes que exigían justicia tras la muerte de Floyd. Fue tanta la presión tanto a través de mensajes recibidos internamente como del exterior tras la publicación del mismo, que Benett terminó presentando su renuncia después de conocerse que en realidad no había leído el texto antes de publicarlo. En su lugar quedó, ahora bajo el título de “opinion editor”, Kathleen Kingsbury, quien hoy se plantea no solo los estándares bajo los que debe operar el Times a este respecto, sino también las estructuras posibles para enriquecer los formatos de opinión al interior del Times.

-El Wall Street Journal tampoco pudo mantenerse exento de polémica y descalificaciones a su trabajo editorial durante la pandemia. Una vez más, el origen de la controversia tuvo a un político como protagonista. Cuando Mike Pence, en aquel momento vicepresidente de Estados Unidos, publicó un artículo que aseguraba que era mentira que se estaba produciendo una segunda ola de Coronavirus, más de 300 miembros del staff de noticias del WSJ enviaron una carta a su publisher, Almar Latour, a quien le indicaban las imprecisiones, en algunos casos incluso contradiciendo datos e información publicada por el Wall Street Journal, en ese y otros artículos que a juicio del equipo de noticias no habían pasado por el filtro necesario de fact-checking y de cumplimiento de estándares editoriales. El conflicto ha llegado a tanto que el WSJ determinó lanzar una campaña para hacerle ver al público las diferencias entre un contenido de opinión y uno informativo, lo que además de buscar preservar la integridad del WSJ a ojos de los lectores, busca sembrar nuevas condiciones a nivel interno entre la sección de opinión y el equipo de información.


Frente al boom del showman protagónico, ¿dónde quedará el reportero informativo?

La pregunta hemos de hacerla porque el periodista para construir su propia audiencia e impactar en redes sociales ha de ser cada vez más protagonista. No tanto en la obtención de la información, sino en el modo en que la presenta y analiza para que su público se quede con él y no con otro. En medio del boom de los medios personales, donde podemos ver al español Nanisimo creando sus propias audiencias a través de Twitch, Substack, Discord y YouTube, o al propio Loret de Mola convirtiendo su propio show en Latinus a través de Facebook y YouTube en el espacio más poderoso para la oposición al gobierno de André Manuel López Obrador en México, el rol tradicional del periodista que vive concentrado en la obtención de una nota va quedando, de a poco, en el desuso.

Si bien aún es posible identificar a diversos periodistas que se enfrascan en una investigación que requiere meses o años de trabajo para poder ser realizada, en particular a través de organizaciones como Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad o Quinto Elemento en México, El Faro en el Salvador, u Ojo Público en Perú, la tendencia apunta al periodista-analista, que a partir de lo que ocurre ofrece reflexiones y contextualizaciones que entran al terreno de la opinión por incluir una selección de fuentes ad-hoc a lo que quiere transmitir, editorializaciones que pueden producirse por varios minutos o incluso por horas, sobre todo durante las transmisiones en vivo en plataformas como Twitch o Clubhouse. A este respecto, es también común que para construir ese estilo el periodista-analista o el periodista-explainer recurra al humor y al entretenimiento para impactar audiencias más jóvenes.

La democratización de la creación del contenido terminó por hacer innecesaria a la radio y la televisión para que una persona pudiera convertirse en estrella de su propio show informativo. A partir de ello, hoy son muchos los periodistas que están más convencidos de seguir ese camino que el del reportero raso, que además de los obstáculos para poder percibir ingresos significativos, sobre todo en mercados como el latinoamericano, se enfrenta al hecho de que hoy la información puede ser generada por la propia fuente a través de sus redes sociales, lo que termina por hacer prescindible a ese intermediario llamado publisher o reportero.

El cambio de paradigma representa un desafío para el ejercicio del periodismo. Son cada vez más los que quieren destacar en el ámbito público y hacer negocio con sus audiencias, son cada vez menos los que quieren hacer el trabajo duro de revelar aquello que un gobierno o persona no quiere que se sepa. Es, a final de cuentas, un trabajo más silencioso, más modesto, más demandante, que bien ejecutado puede representar un gran cambio social y el reconocimiento de una industria, pero que en términos generales palidece ante el hecho de que hoy los periodistas al asumirse como creadores de contenido van adquiriendo cada vez más las prácticas y estilos de los influencers y cada vez menos aquel perfil que tan característico resultaba para el periodismo.

Vale aclarar que estoy a favor e incluso busco aprovechar en mi día a día las herramientas y ventanas que hoy se ofrecen para que el periodista construya su propia audiencia, viva de ella y diseñe su propia influencia, pero no por ser uno de los que ha abrazado esa tendencia dejo de advertir la transformación que viene para los medios de comunicación, que han de construir filtros tanto estructurales como presupuestales para que exista un equilibrio entre el contenido de opinión y el informativo, y para que esta área sea percibida como agregadora de valor tanto para los lectores como para la marca periodística, además de que, a final de cuentas, como lo analiza Juan Andrés Muñoz, Managing Editor de CNN en Español, en una de nuestras diarias charlas informales, no habría analistas ni opinólogos sin la materia prima generada por los reporteros, aunque es cierto que son cada vez más los espacios en que las noticias se generan sin que hayan pasado por la consignación de un reportero.

Si bien la inteligencia artificial se encargará de reportar todo aquello que pueda ser automatizado, el reportero de a pie continuará siendo indispensable para llamar al poder político, tecnológico y corporativo a la rendición de cuentas y para llegar a donde el periodista-contextualizador o explainer no podrá alcanzar y descubrir aquello que las fuentes no publican en redes sociales por no convenir a sus intereses.


¿Cómo construir un mejor ecosistema para la generación de información y opinión en los medios de comunicación?

Una vez más las diferencias presupuestales ponen en jaque a los medios de habla hispana. Mientras que los grandes medios anglosajones cuentan con una división clara de funciones y con estructuras que equilibran el contenido informativo de calidad con el de las opiniones verificadas y validadas a través de procesos institucionales, el ecosistema de medios en español presenta una serie de deficiencias estructurales que debilitan la generación de contenido periodístico y que abren puertas a los excesos y descuidos en las columnas de opinión, aquí menciono algunas de esas fallas:

1) Privilegio a colaboradores externos sobre internos: dado que el contenido generado por un columnista puede, en el caso de los grandes nombres, representar mejores métricas que el contenido generado por un reportero con grandes capacidades de investigación y obtención de información, es habitual encontrar que las grandes inversiones de los medios se produzcan para columnistas o colaboradores especiales en detrimento del equipo interno, que debería integrar una unidad de investigación periodística y que tendría que ser la verdadera arma diferenciadora frente a lo que ofrecen otros medios de comunicación.

En un reciente podcast con Salvador Camarena, Director de Investigación Periodística de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, me hablaba de lo preocupante que le resulta que los grandes medios en Latinoamérica, en muchos de los casos, no cuenten con unidades propias de investigación, o si las tienen, sean equipos marginales de dos o tres personas que no pueden marcar diferencia ante la falta de recursos y tiempo para poder destacar. Menciona también el otro extremo, en el que es habitual que una columna se publique tal cual el autor la envió, sin siquiera pasar por una lectura del equipo editorial para identificar posibles typos.

Para en verdad construir un ecosistema propicio para la generación de contenido informativo de calidad, que no se limite a retomar lo que otros publican, habría que replantearse el valor del equipo interno y el tiempo que se le asigna para poder publicar un contenido.

2) Unidades de fact-checking al interior de los medios: una vez más hablamos de inversiones necesarias en los medios de comunicación en español. El New York Times, entendiendo que se trata de una realidad muy distinta a la que viven en el día a día los medios de habla hispana, ha incrementado el número de personas dedicadas al fact-checking sobre sus contenidos de opinión.

En Latinoamérica es habitual no solo que no haya un equipo de fact-checking que garantice la autenticidad y legitimidad del texto que está por publicarse, sino también que se adolezca del más elemental filtro para decidir lo que se publica y lo que no. Como lo dije líneas arriba, la inclusión de una leyenda que indica que lo ahí expuesto es responsabilidad del autor, no del medio, se ha convertido en una herramienta insuficiente ante el compromiso que todo medio ha de asumir y entender de cara a su audiencia.

Esa unidad de fact-checking resulta deseable tanto para los contenidos de opinión como para cada una de las piezas informativas que se generen.

3) Desarrollo de experiencias que posicionen el trabajo informativo: como lo he mencionado en anteriores envíos, es habitual que exista un divorcio entre el posicionamiento que busca un periodista y el que le ofrece el medio de comunicación. De forma equivocada, aunque influenciados por el hecho de que un columnista suele tener consigo una imagen y alcance garantizados, las redes sociales de los medios suelen ser más entusiastas al momento de compartir con mención al autor un contenido que se ha generado por parte de un columnista que uno que se ha desarrollado de forma interna.

Aunque parece un elemento básico, son muchos los periodistas dentro de un medio de comunicación que para hacer notorio su trabajo requieren del medio de comunicación en que se encuentran para que se elabore una estrategia de posicionamiento individual que lo lleve a desarrollar su marca personal y a convertirse en una voz habitual dentro del medio de comunicación.

4) Desarrollo de producto: los medios de comunicación para fincar las bases de un producto memorable, comercializable y que construye la imagen de sus periodistas/reporteros deben elevar el empaquetamiento de aquellos contenidos que lo ameriten. En un ecosistema marcado por el branding a través de los newsletters, los podcasts y los perfiles en Twitter, el que la mayoría de los contenidos generados por un medio de comunicación sean publicados sin diferenciación entre uno y otro termina obrando en perjuicio tanto del propio medio y sus posibilidades de generar franquicias como de los periodistas que cumplieron con un contenido destacado, pero que no encontraron el apoyo en materia gráfica y tecnológica para que el delivery de cara al lector fuera más allá de lo que siempre encuentra en la estructura de una noticia.


Next challenge: ¿cómo hacer un mix entre opinión e información?

El verdadero desafío no consiste en el privilegio del contenido informativo sobre el de opinión, sino en cómo construir estructuras, procesos y recursos que posibiliten no solo la existencia de ambos, sino la intersección entre ellos en las publicaciones que se generan. Si bien es cierto que ejercicios como el del Wall Street Journal funcionan para que el usuario entienda qué es una nota y qué es un contenido de opinión, el mejor resultado en la actualidad es el que combina la obtención de información de primera mano con ejercicios de interpretación por parte del autor. Para lograrlo, veamos algunas características y buenas prácticas que ya se están llevando a cabo:

1) Búsqueda + reporteo + contextualización: tomemos a Axios como referente. Parte de una estructura patentada bajo el nombre de “smart brevity”, que es el modo que dicho medio tiene de contar sus historias. De ese modo su tecnología se convierte en un asset que ha terminado por convertirse también en una fuente de monetización. Después entra el autor, que encaja en esa estructura dada por el medio, y que construye su propia marca a partir de la búsqueda de información y la contextualización que son los elementos mínimos en su creación de contenido habitual, pero cuando más atractivas resultan sus entregas es cuando esa curaduría generada es acompañada por información exclusiva.

Bajo el método Axios gana la marca que se ha hecho de una metodología propietaria que lo blinda ante la potencial salida de alguno de sus autores, gana el autor que goza de una ventana privilegiada para hablar de sus interpretaciones sobre lo que ocurre en una industria en particular y gana el lector que recibe los mejores insights de un sector, ya sea generados por vía exclusiva o bien por medio de una selección especializada.

2) Data + gráficos: el desarrollo de contenido de autor, ya sea al interior de un medio o por vía independiente, adquiere niveles adicionales de éxito y valor en cuanto se presenta un cruce con datos y en el momento en que estos son acompañados de gráficos que bajo un mismo estilo construyen marca.

A ese respecto Axios vuelve a ser ejemplo. Aún más consistente en su presencia, Vox a través de su periodismo explicativo ha generado una franquicia que lo mismo se valora en sus imágenes en redes sociales, en contenidos publicados en su plataforma o a través de los shows que ha generado para Netflix.

Para consolidar estas dinámicas, los medios han de buscar acuerdos con empresas de tecnología. En el caso de Story Baker, por ejemplo, las alianzas que hemos establecido con Socialbakers y Comscore han representado una avenida para enriquecer nuestras narrativas a partir de los datos.

3) Incorporación de audio y video: si se ha vuelto habitual la presencia de posts de Twitter, Instagram, Tik Tok y YouTube al interior de los medios, la posibilidad de incorporar audio como una práctica regular, ya sea sobre contenido cien por ciento de opinión o bien sobre contenido informativo que contenga elementos de opinión, se presenta como una de las grandes oportunidades en materia de publishers.

Ante el boom de Clubhouse como generador de información en vivo que ha de ser consignada, hemos de prepararnos para el momento en que la propia plataforma habilite la grabación de los rooms, lo que por cierto ya se permite cuando se produce bajo previo aviso, y por ende sea habitual utilizar tanto audios de esta y otras plataformas como con comentarios hechos en exclusiva para los medios de comunicación.

Sobre este punto, el New York Times, de la mano de la propia Kingsbury, ha realizado distintas pruebas para incorporar snippets de audio a la experiencia de consumo en texto. Si cada vez usamos más el oído como fuente para informarnos y consumir historias, más vale que los medios encuentren el modo de incorporarlo de forma orgánica, sin que interrumpa y sin que parezca ajeno al flujo de lo que estamos leyendo.

4) Tips (propinas) a periodistas: este punto será clave. Ante el boom de los live briefings en medios de comunicación y frente al hecho de que más allá de los medios existe una tendencia a que los periodistas puedan recibir dinero de sus propias audiencias, debería ser habitual en los medios que se habilite una ventana para que los lectores, independientemente de si son o no suscriptores del medio, puedan realizar pequeñas aportaciones, mismas que podrían servir tanto para incentivar a los propios periodistas como a quienes participaron en el armado de esa historia o cobertura, e incluso podría llevar al medio de comunicación a sumar esa avenida como vía de monetización, quedando en cada uno determinar el rev-share correspondiente.