La sociedad y los medios de los matices

O cómo la salud mental de Simone Biles exige nuevas narrativas de los medios

Storybakers:

Naomi Osaka sembró lo que terminó alcanzando su máxima expresión con la renuncia de Simone Biles a participar en la final por equipos para proteger su salud mental. Es, en el fondo, una reconfiguración del modo en que se asume la competencia deportiva de alto rendimiento. Pasamos del elogio al que se impone a todo tipo de adversidades al aplauso a quienes deciden parar con tal de estar bien consigo mismos, incluso si eso va por encima del estoicismo de siempre en los Juegos Olímpicos.

Los seres humanos, en general, vivimos expuestos a mayores detonantes de ansiedad. Si de por sí cargamos con nuestra propia historia a donde quiera que vayamos, la democratización de la opinión pública promovida a través de las redes sociales y la omnipresencia de medios que pasaron de tener un momento único de juicio emitido a través de la portada de un impreso o de una emisión radiofónica o televisiva en particular a poder informar y opinar en cualquier instante y con etiqueta directa a la persona de la que se está hablando, representa un cóctel molotov que demanda de todos una estabilidad emocional cada vez más compleja de alcanzar.

Las redes sociales, antes incluso que los medios, se han erigido como un tribunal público que determina qué es correcto e incorrecto, quién es un héroe o un villano, quién merece el aplauso y quién la cancelación. Simone Biles y Naomi Osaka han vivido ambos extremos. Los haters han sido uno de los responsables de su intranquilidad emocional. Pero también, en este mismo entorno, han contado con el abrazo multitudinario al anteponer su salud mental sobre el logro deportivo.

Biles y Osaka se han convertido en referentes de una nueva era para el deporte. A partir de ahora va antes el bienestar que el logro deportivo. El éxito final, que no el olímpico, no pasará tanto por la meta alcanzada como por el bienestar personal. Simone, con una historia que incluye ser víctima de los abusos de Larry Nassar y con un origen afroamericano que aún hoy termina representando tener que superar obstáculos ajenos para los blancos, ha decidido que tenía que parar. Lo mismo hizo Osaka cuando prefirió retirarse de Roland Garros antes que acudir a las conferencias de prensa reglamentarias.

Con Simone y Naomi como estandartes, se demanda que los grises lleguen a los medios deportivos. En una época de polarización en todos los ámbitos, incluyendo el deporte y su división entre haters y adoradores, es una buena noticia que se incluyan los matices al momento de emitir una opinión sobre lo que hizo o no una atleta de alto rendimiento. No más el éxito que sólo se mide en oro, plata y bronce. No más la idealización de la historia del superhumano que renuncia a todo, incluyendo su bienestar, con tal de alcanzar la cima de lo que hace.

Desde el deporte se envía un mensaje con dedicatoria a todos los rubros de la sociedad: los grises importan. En este caso se trató del bienestar emocional de una atleta y su relación con el logro deportivo. Pero también puede tratarse de factores que aportan contexto a un resultado social o político que visto desde el extremo parece más negativo o positivo de lo que en realidad es. Los medios y la sociedad en general hemos olvidado que las dos caras de una historia tienen siempre un punto de intersección que la cuenta mejor.

En la era de los absolutos y de las métricas exactas, los matices acabaron diluyéndose, y así Lionel Messi podía pasar de ser el mejor futbolista del mundo a ser calificado como un pecho frío que ni siquiera sentía los colores de su Selección. Cristiano o es el máximo referente de lo que debe ser el futbolista o es un engreído dispuesto a pasar por encima de sus compañeros. En la política, no se reconocen logros ni retrocesos, se emiten juicios que dividen entre buenos y malos, o en este caso, entre malos y peores. De imperar los grises, se podría generar un juicio más justo y maduro sobre ellos, sobre ellas y sobre cualquier deportista o ser humano, aunque lo primero que tendríamos que preguntarnos es qué hacemos calificando y descalificando a los demás.


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¿Cómo los medios deben decidir qué matices importan y cuáles no?


Los grises, he de insistir, son medulares para la construcción de una industria de medios y creación de contenidos más madura. Lo que conviene a los algoritmos, que es la polarización, no por fuerza conviene a la sociedad. La verdadera disyuntiva a la que se enfrentarán los medios a partir de ahora estará en decidir cuándo las atenuantes serán suficientes para que las redes sociales apoyen la inclusión de los mismos y cuándo esos matices que se incluyen no serán lo suficientemente poderosos a ojos de la policía moral en que se ha erigido Twitter.

Los medios, como espejos de la sociedad, generan narrativas afines al momento que se está viviendo. Hoy queda claro que, a partir de la reacción de las redes sociales y del contexto en que vivimos, apoyar y aplaudir la decisión de Simone Biles y de Naomi Osaka es lo correcto, si es que cabe ese término. Pero trasladar esa misma narrativa de comprensión a otro tipo de casos entrará en un terreno subjetivo que podría traer incluso más polarización dado que estarán los que consideren que las atenuantes del deportista en turno, ya sea por su posición, por su género, por la disciplina en que se desempeñan o por su vida misma, no son razones lo suficientemente poderosas para que elijan tomar una decisión semejante a la de Biles y Osaka o para que justifiquen una falla en un momento definitivo para sus objetivos de alcanzar el éxito deportivo.

En contraste con el respaldo multitudinario a Biles y Osaka por anteponer su salud mental al resultado deportivo, en redes sociales se cuestiona ahora la integridad como persona de Novak Djokovic. Se afirma que haber dicho que “la presión es un privilegio” lo retrata como una persona egocéntrica, sin tacto, que no entiende razones que van más allá del éxito deportivo. A ojos de esas personas, tener una mentalidad tan firme habla más mal que bien de Nole y sus valores al momento de encarar y asumir una vida en competencia de alto rendimiento.

León Krauze, en un texto publicado en Letras Libres, habla de la presión como parte intrínseca de la vida de los atletas de alto rendimiento y de cómo uno de los factores que marcan la diferencia entre el éxito y la derrota (que no fracaso en el nuevo entendimiento que se tiene del deporte) consiste en tener la fuerza suficiente para poder gestionar la ansiedad y la inestabilidad emocional. León asume en su propio texto que aquella sería una postura políticamente incorrecta, como no lo hubiera sido hasta antes de que Biles y Osaka decidieran que tenían que parar. Él se inclina por la postura de Djokovic.

Como León, ahora cualquier periodista y medio de comunicación tendrá que decidir si puede o no emitir una opinión contraria a lo que la mayoría piensa. Antes de publicar una historia, medios y periodistas tendrán también que pasar por la subjetividad que representa juzgar cuándo un elemento externo al deporte es o no lo suficientemente poderoso como para validar la renuncia de un deportista y cuando se trata de una falla del propio deportista en el manejo de uno de los muchos factores que determinan su éxito.

Si, por ejemplo, un futbolista decide no ir al Mundial por estar pasando un momento complicado con su pareja, ¿debe o no ser cuestionada su decisión como profesional que es? Si un jugador se niega a tirar un penal por temor a las consecuencias de lo que podrían decir los medios de comunicación y al hate que podría recibir en caso de fallar, ¿estaríamos en condiciones de criticarlo o es válido que desde su perspectiva muy personal no lo haga? Éstas pueden parecer cuestiones menores, y quizás lo son, en comparación a lo que han vivido Biles y Osaka, pero la capacidad de gestionar adversidades para los seres humanos no está directamente relacionada a la magnitud de esos problemas, sino a una serie de factores internos que escapan a cualquier juicio que pueda emitirse desde afuera.

El rol que asumirán los medios deportivos a partir de ahora será clave para entender cómo lidiar con los matices. La comprensión debe estar siempre. Es derecho de Biles y Osaka decidir qué hacer con sus propias trayectorias. El juicio deportivo, aún comprendiendo el valor de esas decisiones, puede o tendría que poder apuntar en sentido contrario sin temor a ser cancelado, como cuando León afirma que para él, detrás de la renuncia de Biles, hay una falla, si así se le quiere llamar, en lo que respecta a los niveles de presión que ha de manejar un deportista.

¿Hasta qué punto es Twitter el que está dictando qué es lo que pueden decir y no los medios de comunicación? ¿Deben seguir los medios alineándose a la narrativa que se demanda desde las redes sociales? ¿En verdad un usuario debe ser juzgado por criticar a un atleta cuando, a su juicio, no dio lo que se esperaba de él (no me refiero al caso Biles sino a la defensa a ultranza de los deportistas mexicanos que participan en los Olímpicos)? ¿Se puede respetar y comprender la decisión de Biles pero aún así advertir que el deportista ha de aprender a lidiar con esa presión?

Sigo pensando que los matices son positivos. Me preocupa que los matices sólo sean lo suficientemente relevantes cuando la mayoría así lo considere. Lo que nos lleva, de nuevo, a la polarización, a una instancia en las que atenuantes sólo importan cuando conviene a lo que cada uno ha decidido opinar. En este caso, a lo que decida la parte más ruidosa de la sociedad.