Las Big Tech como fuerzas políticas: ¿campaña o convicción sobre la Creator Economy y el periodismo?

Cuando el algoritmo se enfrenta a los mensajes

Storybakers:

Si les gusta ser analíticos con lo que ocurre en la industria de medios, les recomiendo que escuchen mi plática con Diego Salazar, periodista peruano, autor de “No hemos entendido nada” y colaborador del Washington Post.

Con él hablo sobre la transformación que requieren los medios y sobre cómo éstos no han sido capaces de modificar sus líneas de pensamiento para ir de un punto a otro. También compartimos puntos de vista sobre la necesidad de construir realidades para Latinoamérica en comparación a otros mercados, lo que lleva a que el optimismo en torno al modelo de suscripciones aplique en su mayoría para los legacy media que lo adopten. Y no para muchos más…

Una plática frontal y abierta sobre los medios, sus desafíos y el lento aprendizaje que nos ha caracterizado. Escuchen aquí el nuevo episodio de The Coffee.


Cada vez somos más en el grupo de La Creator Economy en Telegram. ¡Súmense ya a una comunidad apasionada por encontrar y entender las claves que llevan a las personas a vivir de su obra.


¿Son las plataformas tecnológicas las nuevas grandes fuerzas políticas?


Hace unos meses, cuando se cuestionaba la decisión de distintas redes de suspender en definitiva la cuenta de Donald Trump, empecé a cuestionarme si las plataformas tecnológicas eran en cierta forma instituciones políticas con la capacidad de ser incluso más poderosas que los gobiernos de distintos países.

Sin distribución, aún siendo presidente de Estados Unidos, Trump se quedó sin margen de maniobra para seguir fomentando su gobierno. A la fecha, y pese a que ha hecho esfuerzos en redes emergentes, el silencio impuesto por las redes ha matado su protagonismo mediático y lo ha significado como la persona exiliada que de ser uno de los seres humanos más poderosos del mundo se ha quedado sin margen de maniobra.

Si analizamos su comunicación, Facebook, Twitter, Apple e incluso Tesla con Elon Musk como la mano que hunde e incrementa el valor de bitcoin, se caracterizan por hacer promesas cuando así les conviene. Sus prácticas, como en la política, suelen ir en sentido contrario a lo que afirman estar haciendo.

Los programas sociales de los gobiernos, por ejemplo, tienen su equivalente tecnológico con los apoyos que las plataformas dan a las distintas causas que dicen apoyar. En 2019, para citar un caso, Facebook anunció que aportaría 300 millones de dólares al desarrollo de contenido noticioso de múltiples formas dentro de su plataforma. Hace un año, el propio Facebook liberó 100 millones de dólares más para apoyar a la industria durante la pandemia.

En este contexto de promesas sociales, los medios y el periodismo son un tema recurrente, parte de la agenda cotidiana de las tecnológicas para que su influencia esté en condiciones de argumentar algún tipo de responsabilidad social. Se abren entonces iniciativas de apoyo a todos los niveles, creando incluso un pequeño mundillo de publishers que viven de esos apoyos, que se especializan en cumplir con los requisitos de los formularios de las tecnológicas para ser elegidos ganadores, lo que les permite operar sus organizaciones sin que, por otro lado, esa inyección financiera termine representando un cambio profundo en cuanto a su alcance.

Los programas, alineados a la agenda de lo políticamente correcto que han de perseguir las tecnológicas, o apuntan hacia la entrega de apoyos a minorías a partir de la temática o a apuestas tan específicas como el periodismo local o híperlocal, en el que se llama a pequeños medios comunitarios a aplicar para recibir un apoyo.

En este caso, como en el de los programas sociales de los gobiernos, se les da, en los casos más afortunados, un incentivo económico que les permitirá sobrevivir, mas no ganar una batalla que el propio algoritmo hará imposible para pequeñas casas editoriales.

En Popular Information analizan cómo Daily Wire, un agregador de noticias se beneficia en Facebook del contenido de terceros con resultados muy superiores en términos de engagement a los de la fuente original. Aquí la gráfica:

De esa tabla podemos extraer una contradicción: Facebook dice apoyar el periodismo local, pero su propio algoritmo lleva a que el trabajo de unos cuantos reporteros funcione mejor en un outlet que se dedica mayoritariamente a seleccionar y en muchos casos a manejar de forma sensacionalista el contenido de terceros.

Y si buscamos contradicciones, podemos encontrar otra más: Daily Wire, al menos para el algoritmo de Facebook, es más relevante que el New York Times.

Aquí algunos puntos a considerar:

-En mayo, Daily Wire produjo 1,477 historias en Facebook frente a 5,799 del New York Times.
-En promedio, el Daily Wire generó un engagement de 48,027 interacciones por posteo, contra 2,663 del NYT.

Más allá de que la gestión de comunidades dentro de las redes sea una habilidad que no por fuerza está vinculada al contenido original, resulta natural cuestionarse si el compromiso de las plataformas con el periodismo local y con el periodismo en general es una convicción o una simple estrategia de marketing.

Aplica para Facebook, pero también para el resto. Mientras el esfuerzo por obtener información y aportar el contexto adecuado no sea reconocido en términos económicos y de alcance, el esfuerzo original del periodismo será superado por quienes dominen el algoritmo, que atiende los intereses de las plataformas antes que las de los ideales que dicen tener.

En muchas ocasiones, el video que más trasciende sobre un tema viral no es el que descubre la información, sino el que lo empaqueta mejor. O peor aún, porque al menos en este caso hay un mérito de uno sobre otro, sino el que tiene más audiencia instalada, es decir, que si tú eres un medio pequeño con un canal de 300 suscriptores o con un fanpage de no más de diez mil likes, cualquiera que sea más grande podrá inspirarse en tu contenido y tener un alcance mucho mayor.

Cuando los apoyos no van hacia organizaciones periodísticas, las promesas van hacia los creadores de contenido, con foco en el poder que desde esas mismas plataformas se está entregando a cualquier usuario para que pueda vivir de su obra. pero omitiendo esa parte en la que son las plataformas las que dictan las reglas del juego, las que establecen comisiones y las que pueden caer en inconsistencias como permitir un posteo que sexualiza a una menor de edad pero prohibir, según sus propios lineamientos, un posteo que cuenta el modo en que Only Fans se ha ido transformando en una plataforma para todos los creadores de contenido. (Me tocó padecerlo en Tik Tok).

Sobre el tema sugiero leer este hilo de Li Jin hablando sobre la necesidad de descentralizar la creación de contenidos para que sean los creadores y no las plataformas las que terminan llevándose el negocio, como lo demuestra el hecho de que Bytedance, la empresa propietaria de Tik Tok, ingresara 37 mil millones de dólares en el 2020, pero solo 900 millones de dólares fueran a dar a manos de los creadores.


Unas cuantas contradicciones de las grandes tecnológicas

*El presente listado incluye puntos que pueden aplicar a una plataforma o a varias, según sea el caso

-Apoyo el periodismo de calidad, pero mi algoritmo exige contenido en grandes cantidades

-Apuesto por el periodismo local, pero en mis resultados de búsqueda privilegiaré a los grandes medios nacionales

-Prometo una moderación elevada de contenido, pero dejo todo a una inteligencia artificial imperfecta, que cae en absurdos de sancionar a quien no violó una regla y de permitir lo que no debería ser publicado

-Hablo de consolidar un modelo en el que cualquier creador pueda vivir de su obra, pero concentro mis producciones originales en grandes nombres con grandes audiencias

-Impulso el periodismo de calidad pero lo incorporo a un terreno de batalla en el que gana el que más ruido hace

-Promuevo el equilibrio en los contenidos para evitar polarización, pero incluyo reacciones que se producen mucho más a partir de la visceralidad que del análisis a conciencia

-Expreso un compromiso total con el creador de contenido, pero me niego a darle detalles específicos de la audiencia que lo sigue

-Me interesa que las grandes historias lleguen a mis usuarios, pero para que esas historias lleguen a su destino el periodista ha de invertir en mis propias soluciones publicitarias

-Pretendo reorientar el periodismo y la creación de contenidos hacia un modelo de calidad, pero mi negocio principal está enfocado en la cantidad.

-Hablo de crear condiciones ideales para los creadores, pero genero herramientas equiparables a las de mis competidores para que ese creador tenga que invertir tiempo publicando conmigo, aunque sea el mismo formato que en otra plataforma.


El golpe maestro: Facebook alcanza valuación de un billón de dólares por primera vez en su historia

En inglés se oye mejor: a $1 trillion company. Si quedaba alguna duda del poder de las plataformas tecnológicas, hay que apuntar el simbolismo detrás del hecho de que haya sido tras ganar la demanda de 46 estados en torno a prácticas monopólicas ilegales que Facebook superó la barrera del billón de dólares al ver un incremento del 4% en el valor de sus acciones para cerrar el día en $1.008 billones (trillones si lo expresamos en inglés).

En esa lista que incluye a Amazon, Apple, Amazon y Alphabet (Google), Facebook es la única que fue creada después del dos mil.

Aunque en un nivel de sentido común sonaba sensato señalar a Facebook de prácticas monopólicas, lo que llevó a distintos estados a pedir que Instagram y WhatsApp fueran separados de Facebook, la corte señaló que desde el ámbito legal no existían los argumentos suficientes para tomar por válido el caso.

Los conflictos no han terminado para Facebook. Más que ser inocente, las leyes no fueron pensadas para la era tecnológica, por lo que ahora tendrá que venir un proceso de actualización antes de pensar en tener los argumentos suficientes para reducir el poder de las nuevas grandes fuerzas políticas del mundo.

Si doce influencers en Estados Unidos fueron capaces de convencer a su comunidad más arraigada de optar por comprar sus productos como solución al COVID en vez de vacunarse, suena lógico pensar que seguiremos cayendo en el discurso de los grandes gobiernos tecnológicos, con todo y sus candidatos, sus programas sociales y sus contradicciones.