On the Road 10: Lo que nos enseña el fracaso de mexico.com

Si tienes diez pesos en la cartera, no tienes por qué gastarlos. Detrás del fracaso de un medio de comunicación siempre estarán los dueños, que o hicieron un mal cálculo, o no fueron transparentes respecto a sus presupuestos, o no supieron llenarse de los recursos necesarios para solventar el desconocimiento que pudieran tener de la industria. Pero también, en ese análisis post mortem que debe realizarse cuando una idea se termina hundiendo, cada uno de los involucrados debe ejercer la autocrítica para entender qué pudo hacer mejor tanto en el cumplimiento de su objetivo individual como en el colectivo.

El caso de mexico.com duele a una industria urgida de buenas noticias. Desde su aparición en septiembre de 2018, no hubo un solo medio mexicano que no mirara con atención a ese “bicho raro” que tenía dinero, invertía y contrataba al por mayor mientras todos los demás se contraían. Tenían además un dominio muy poderoso “mexico.com”, tan poderoso que en su momento el gobierno de Vicente Fox había intentado arrebatárselo a Max Trejo, propietario de dicho medio, argumentando que ese dominio debía ser para uso exclusivo del gobierno. Una corte determinó que no era así, que nada indicaba que un dominio así solo pudiera atender a fines gubernamentales. Y ahí surgió la primera piedra de lo que sería mexico.com

Con el objetivo de aprovechar el extraordinario potencial del dominio, que habría sido mucho más fuerte en una época en que el tráfico vía búsqueda fuera mayoritario, Max Trejo destinó millones para que Mael Vallejo, director editorial del medio en su lanzamiento, y su equipo pudieran reforzarse como lo consideraran necesario para alcanzar el éxito en el mayor tiempo posible. El problema es que Trejo, hoy señalado en redes sociales por acumular deudas con más de 30 trabajadores y ex trabajadores, nunca especificó de cuánto tiempo hablaba ni en qué momento esperaba que la plataforma alcanzara el punto de equilibrio.

Un modelo de negocio así de inexacto, por no decir ambiguo, lleva por fuerza a un colapso. Si no están claros los tiempos ni los presupuestos, el producto y sus necesidades quedan al libre albedrío de quienes toman decisiones en el ámbito editorial. El riesgo, que ocurrió en este caso, es que se pretenda que el buen contenido por el simple hecho de serlo acabe volviéndose sustentable en un periodo tan corto que no alcanzó ni siquiera a mantenerse por un año. Ni los premios ni los reconocimientos son garantía de que un patrocinador acabará llegando a respaldarte cuando ni siquiera has cumplido un año de vida. En la mente de los potenciales anunciantes no prima, hay que decirlo con tristeza, la valoración cualitativa sobre la cuantitativa, por lo que aún ganando cualquier cantidad de distinciones y provocando profundidad y relevantes reflexiones sociales no será suficiente garantía como para pretender que las agencias de medios, que usan un excel para determinar sus mejores alternativas, te tomen en cuenta en el corto plazo.

Si se pretendía que siguiera los pasos de eldiario.es de Ignacio Escolar, medio fundamentado en la aportación de los usuarios y con una transparencia financiera como mantra, hubiera tenido sentido que la estrategia se volcara hacia esa creación de base de datos que derivara en un potencial nexo de suscripción entre los lectores y el medio. Pensar que la calidad, con nóminas mayores a las de muchos jugadores relevantes de la industria y que han estado vivos por años, se pagaría a través de los ingresos generados por marcas o gobiernos (que rara vez promoverán el buen contenido por temor a que en algún punto ese mismo periodismo exponga irregularidades cometidas en el ejercicio de su función)

No del modo en que lo imaginaba, pero mexico.com se hizo de un lugar permanente en la historia del periodismo digital en México al haber construido un caso en el que periodistas que vieron violentados sus derechos decidieron unirse para exigir que se cumplieran los acuerdos adquiridos. Con independencia de si el modelo creado por Max Trejo fue bien pensado como si no, debe cumplir con lo acordado y liquidar los adeudos correspondientes.

A los periodistas que pasaron por ahí, y en términos generales a todos los que fueron parte del proyecto, e incluso a los que lo vivimos, lo disfrutamos y lo padecimos a la distancia, nos queda reflexionar sobre qué se pudo hacer diferente. Quizás buscar que no se gastara tanto de inicio, quizás reconocer que era extraño que de pronto alguien pudiera pagar tanto en medio de una industria en crisis. Eso y reconocer que los verdaderos proyectos que impactan en digital son los que se cocinan a fuego lento, como los buenos contenidos.