The Coffee on the Road 25: No eres tú, NYT, es el país del Mex I Can

NYT

Seguro que ya lo saben. Tan constantes se han hecho los cierres de medios de comunicación en México que se han vuelto tema de conversación a nivel social. Los anuncios no son más una plática de café entre colegas. Ya a cualquiera llega que un nuevo medio ha cerrado. Y que la cuenta no termina porque otros van camino a lo mismo.

El cierre del New York Times en Español fue fulminante. Apenas unas horas después de celebrar a la Patria y cuando no ha pasado ni una semana de la presencia de Marty Baron, el director del Washington Post, en México para afirmar que lo del Washington Post Opinión no es más que un ejercicio de exploración por el temor que le produce venir a tirar dinero con una operación en toda forma.

De algún modo nos sentíamos más seguros con el Times en el tablero. Pensamos que a ellos todo les salía bien. Convierten podcasts en fenómenos culturales. Transforman sus columnas más emblemáticas en series de televisión. Tienen 4.7 millones de suscriptores y van por 10 para el 2025. Monetizan con éxito recetas, crucigramas y están por hacerlo con la paternidad. Son el modelo a seguir. Hay libros estudiando cómo consiguieron vivir de las aportaciones de sus usuarios. Entre tanto acierto, solo México, el español y sus arbitrariedades podían salir mal. Tanto que el todopoderoso Times ha bajado la cortina.

En el camino hubo, quizás, fallas estratégicas, pero en el fondo se trata más bien de un problema estructural de la audiencia que de decisiones equivocadas al interior del Times. Quizás debieron comprender desde antes que el mexicano es aspiracional. Que el que planea suscribirse lo hará por el acceso a los contenidos en inglés. Conclusión a la que no es tan difícil llegar cuando se comprende que el merchandising patriótico en tendencia se escribe en inglés. I’m Mexican. Mex I Can. Mexico is the Shit. Y luego están los otros. Los que quizás busquen contenido en español, pero que no tendrán el dinero suficiente para pagar por una suscripción o carecerán de la información suficiente para llegar al Times, que así como en EU es un emblema, acá no deja de ser una marca global para las clases acomodadas.

Sin el Times, que por ahora se limitará a traducir para atrapar usuarios incidentales que no se conformen con el español, y con el Washington Post a medias, queda Animal Político de pie. Independiente, ganador de premios, con periodismo probado. Con un producto de excelencia en plumas y datos, pero aún con el pendiente de alcanzar la excelencia gráfica, en video y en plataforma que se necesita para considerarlo un producto Premium. Y después, poco más. Un clima de destrucción que amenaza con presentar nuevas víctimas antes de que lo ocurrido con el Times se vuelva anécdota.

Ya de mexico.com no existe ni el archivo. Se ha esfumado sin que al menos tuviéramos el consuelo que sí que nos daba la última portada de un diario en esos tiempos que hoy parecen tan lejanos. Ya a Nación 321 lo arrastra la crisis de El Financiero. Se le redujo al mínimo tras una serie de recortes. Y por ahora, aunque quisiéramos alegrarnos cuando de pronto aparece un medio con recursos, lo que priva es la sospecha de que el pobre acabará en la bancarrota y que el rico solo ha llegado para terminar conociendo la pobreza.

La industria vive en constante estado de depresión. Casi como regla general, a los que mejor les va es a los que carecen de escrúpulos al momento de elegir cómo atrapar a la gente. Los otros, comprometidos con el periodismo y el buen contenido, hace tiempo que perdieron el sueño. Nunca se sabe cuándo saldrá tu última nota. Falta dinero para sostener el negocio. Faltan lectores que reconozcan el esfuerzo. Y falta conciencia, porque es justo ahora, con gobiernos que atacan a la prensa, con la necesidad de comprender en toda su dimensión problemática sociales tan grandes como la INE equidad social y el cambio climático, cuando más necesitamos de un contenido que con datos en la mano nos genere las emociones necesarias para que algo hagamos con lo que está pasando a nuestro alrededor.

Por ahora, apelando al grito de batalla del Washington Post, vale decir que la democracia no muere en la oscuridad, muere en la austeridad.