¿Por qué Platzi podría ser el próximo gran medio de comunicación? (ya lo es, en cierto modo)

O por qué los medios han de desarrollar métodos pedagógicos a sus publicaciones

Storybakers:

Pensemos en el modo en que ha evolucionado nuestro consumo de contenidos. Hace unos años, consistía en encender la televisión, comprar el diario o sintonizar una emisora para saber qué estaba pasando. Los beneficios de ese consumo pasaban más que nada por saber lo que ocurría en nuestro contexto y poder socializar esa información en reuniones con nuestros amigos, familiares y contactos profesionales para demostrar que estábamos en tendencia.

Entonces como ahora las plataformas determinaban nuestras conversaciones, pero con la diferencia de que éstas no se valían de algoritmos para determinar qué es aquello que funcionaría mejor para nosotros acorde a nuestros intereses y deseos, sino de modelos editoriales e intereses que terminarían por dinamitar la credibilidad de esos espacios que en su momento centralizaron el poder y cuyo descrédito contribuyó a que llegado el momento los gigantes tecnológicos fueran percibidos (aunque eso no aplique más) como los libertadores que necesitaba la sociedad para hablar de lo que en verdad importaba.

En una primera instancia digital, la gente limitaba su papel en el consumo de medios a informarse con mayor velocidad. Además de socializar información en reuniones presenciales, podía hacerlo en foros, chats y grupos con gente con la que compartía intereses. aunque ya no hubiera ni un lazo sanguíneo, ni de amistad. ni de siquiera un conocimiento previo en persona.

Después llegaron las redes sociales en toda forma para detonar estructuras jerárquicas entre aquellos que tenían muchos amigos o pocos. Pronto, a través de Twitter y YouTube, sobre todo, ya no sólo importaban las amistades que tuviéramos, sino también la influencia que pudiéramos tener sobre otros. Ya no iba, digamos, de ser efectivo para sumar amistades, que en cierto modo proponía un entorno entre iguales u horizontal, sino también del poder y magnetismo que pudiéramos tener sobre otros, es decir, la popularidad o verticalidad en la que uno podía emitir mensajes que trascendían sobre otros.

YouTube, por su naturaleza más propensa a la larga duración y por la construcción de marca que se promueve desde la creación de videos de forma recurrente, fue la primera plataforma que posicionó a creadores de contenido como propagadores de información y conocimiento. Pese a esas primeras generaciones de figuras y a que ya entonces podíamos hablar de la democratización en la creación y relevancia del contenido, aún se asumía que la creación era para unos cuantos con la capacidad de crear grandes audiencias, única forma posible de poder vivir de lo que se hacía.

Las herramientas de publicación estaban. Ya no más el poder concentrado en los medios tradicionales. Pero faltaban propuestas claras para que esa generación de contenido y su posibilidad de subsistir no dependieran del alcance. Ocurrió entonces que desde Silicon Valley se abrazó la Creator Economy como un modelo que en parte busca repartir equilibradamente los recursos entre creadores y en parte dejar en las comunidades de los propios creadores la responsabilidad de ser quienes permitan que los mono-publishers (creadores independientes) o colectivos (grupo de creadores) puedan vivir de su obra sin que se pasen la vida pensando que en el fondo son empleados informales de las redes sociales, como conductores de Uber o como repartidores de Rappi.

Aún en la era de los youtubers, la gente se concentraba en los publishers de siempre y en los nuevos virales para socializar una historia, ya fuera compartiendo el enlace o comentándolo, pero cuando el Homo Sapiens se ha dado por enterado de que además de saber ha de crear, lo que se augura será una realidad para la totalidad de la humanidad en los próximos diez años, sus necesidades al momento de consumir han cambiado: ese usuario ya no sólo acude a una historia como consumidor o lector, también acude como un estudiante que está invirtiendo su tiempo en un aula para después convertir ese conocimiento en un potencial detonante de ingresos económicos y estilo de vida.


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Del usuario que conversa al usuario que explica: lo que la transformación del lector significa para los medios

Aunque siempre se ha dicho que no hemos de establecer relaciones pensando en qué vamos a extraer de otros y que cuando estamos entreteniéndonos hemos de permitirnos que el objetivo sea simplemente ese, en la mente de los usuarios se ha instalado un método capitalista que detona su hambre de conocimiento para poder crear por cuenta propia en una dinámica que ya no sólo lo posiciona como un consumidor avezado sino como un especialista de temas que otros desconocen. Y para ello, requiere encontrar al publisher que lo tome de la mano para ir del punto A al punto B en el entendimiento de un tema.

Para resumir aquí sus principales transformaciones:

El nuevo lector no se limita a compartir una historia, crea la propia: dado que su intención es poder documentar lo aprendido para construir su propia comunidad, ha de llevarse lecciones muy claras y diferenciadas de lo que consume. Como pasa con los medios, replicar una nota informativa anula la diferenciación que necesita para destacar.

El nuevo lector no conversa y si lo hace, lo hace desde el púlpito del que sabe: un lector con aspiraciones de ser creador de contenido, que cada vez será una pieza más común. buscará crear una comunidad de la que él sea referente. Para esta nueva realidad existen dos factores: la cancelación en redes sociales ante cualquier equivocación y la efectividad demostrada de convertirse en guía de personas que como él viven pensando en cómo mejorar su sueldo, en cómo mejorar su estilo de vida y en cómo parecer más que los demás, aunque ello se pretenda empaquetar como un simple deseo de compartir intereses con otros.

Para poder estructurar sus mensajes, ese lector-creador agradecerá que se le den insights claros y contundentes que él pueda llevar a su propio mapa mental y a formatos tan sencillos como rankings en Tik Tok o carruseles en Instagram.

Enlistar, lo ha descubierto el lector-creador, es una de las mejores formas de poder demostrar conocimiento y especialización sin desgastarse demasiado.

El nuevo lector ve la curiosidad propia como un negocio potencial: antes una persona adquiría conocimiento para trasladarlo al mercado laboral, es decir, una persona aprendía determinada capacidad y una vez concluido determinado programa académico buscaba una oferta de trabajo para poder incorporarse a esa actividad.

En la actualidad guste o no, un especialista puede serlo antes desde la creación de contenido que desde el mercado laboral. Si los medios no les entregan las píldoras de conocimientos y metodologías que necesitan para poder crear como especialistas en determinado tópico, irán a Wikipedia, a foros, con otros youtubers o tiktokers, con lo que sea y con quienes sea con tal de saciar esa necesidad.

La gente hoy no busca información (que abunda de por sí) sino conocimiento. Y ahí los medios tenemos un problema: la mayoría piensa que somos buenos para informar sobre breaking news (62%), pero apenas un 51% piensa que somos buenos para explicar, como lo mencionó Nic Nieman en una de sus más recientes intervenciones.

Al nuevo lector no le falta información, le falta metodología: dos problemas convergen para dar por resultado una nueva necesidad. Primero, la idílica promesa de la carretera de la desinformación ha terminado por trazar rutas de desinformación que llevan a ese lector-creador a padecer para identificar qué de lo que se le está diciendo es correcto y qué es falso; segundo, son tantas las distracciones con las que ese lector-creador tiene que convivir, que agradece a todas aquellas plataformas que lo toman de la mano para vivir una experiencia estructurada, que le ahorra tiempo y esfuerzo para cumplir con su meta.

Sobre la urgente necesidad de desarrollar una nueva experiencia para el lector escribí en este envío:

The Muffin por Mauricio Cabrera
¿Por qué es necesario el Kindle de los medios?
Storybakers: Hace tiempo que como lector vengo haciendo la pregunta. Dado que ahora a los medios sí les interesa ser leído a diferencia de antes que sólo les interesaba contabilizar la visita, la necesidad de ofrecer una buena experiencia de lectura se hace aún más imperiosa…
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¿Por qué Platzi u otra plataforma educativa podría convertirse en un gran medio de comunicación?

-Decimos que los diplomas no importan, pero en el fondo nos importan: aunque existe en la sociedad un deseo de que un papel físico o virtual deje de ser un factor que separe a los que se supone que saben de los que se supone que no saben, todos aquellos que se embarcan en un objetivo, ya sea tan largo como una carrera académica o tan corto como un webinar, terminan valorando que una plataforma o persona con determinado prestigio termine emitiéndoles una certificación de que, en efecto, esa persona que dice saber, sabe, como lo demuestra el papel que se le ha entregado.

Esas certificaciones, si lo pensamos, han ido cambiando. De obtener un diploma por carreras, diplomados o cursos, ahora obtenemos certificaciones por el dominio de determinada herramienta, por ver unos cuantos videos para hacer un examen, como los de Hubspot, en los que podemos hacer trampa buscando las respuestas en digital, o hasta por acudir a una master class para conectar con nuestro ángel de la guarda.

¿Podemos entonces certificarnos por conocer un tema mediático-informativo? Sostengo desde hace tiempo que sí, incluso me encuentro trabajando en un proyecto al respecto. Si Platzi ya da certificaciones por un curso de improvisación (se los recomiendo dado que Piolo Juvera es crack), ¿no podría dar una certificación por estar lo suficientemente capacitados para hablar de cómo funciona la Unión Europea o por qué no es buena idea que el gobierno mexicano impulse las energías sucias cuando el resto del mundo va en otro sentido?

-Platzi (u otra plataforma educativa) tiene a gente que sabe explicar, los medios no: recordemos la cifra que mencioné líneas arriba: un 49% considera que los medios no son buenos para explicar lo que está ocurriendo. Seguro que si vamos a una institución educativa el consenso entre los encuestados será que esa plataforma sí sabe contextualizar y dar los elementos necesarios para que un tema se considere como comprendido.

La diversidad de Platzi, por citar un elemento en tendencia, o la plantilla de profesores de grandes universidades tiene de antemano a una serie de potenciales colaboradores-columnistas que resultarían impagables para medios de comunicación, más habituados a tener colaboradores fijos (cuando pueden) que a tener presupuestos para invertir según lo exija una historia o tópico determinado.

En Platzi encuentro gente especializada que podría certificarme para entender por qué el Juego del Calamar se terminó convirtiendo en tendencia analizado desde el marketing, por qué desde el growth hacking o la inteligencia artificial Tik Tok le ha dado la vuelta a otras plataformas, hasta comprender los errores que cometió determinada startup en su carrera por convertirse en un unicornio.

-La certificación se convierte en marketing para las plataformas educativas, el consumo no trasciende para los medios: los consumidores-creadores son activos en difundir que determinados conocimientos los han adquirido en Platzi o en otra plataforma. Les gusta contar que un día tuvieron un problema y que a través de un ayudante mágico (para hablar de la narrativa del viaje héroe) y de su propia voluntad fueron capaces de sobreponerse a esas dificultades para hoy desbloquear nuevas formas creativas, de estilo de vida y negocio para su vida. Tienen además ese aval que aunque podrían falsificar, les representa el reconocimiento a un trabajo bien hecho.

Cuando ese consumo se da desde los medios no existe ni la sensación de meta cumplida ni el orgullo de haber surgido de una comunidad que consumió contenido para configurar su propio futuro.

Muchos creadores son “egresados” de los medios, ninguno los comparte como su alma-mater aunque fuera digital.

-Las plataformas educativas ofrecen comunidad y experiencia, los medios un simple consumo: en Platzi gano puntos cada que concluyo una clase. Se me incentiva para socializar mi conocimiento, para compartir con otros estudiantes. Ahí, a diferencia de lo que ocurre en los medios y de lo que acontece a cada momento en redes sociales, la ignorancia no se castiga con la cancelación sino que se vale del apoyo de terceros para convertirla en sabiduría.

En Platzi tengo un objetivo final llamado “curso aprobado”, pero cada clase es un objetivo intermedio que se me presenta con total claridad. Ahí, no tengo que buscar cuál de las notas (clases) relacionadas funciona y cuál no. Además, a Platzi, a diferencia de los medios, no le interesa guardarse todo el crédito. En los materiales sugeridos de cada clase puedo encontrar publicaciones y contenidos de otras fuentes, se da el crédito a quien corresponda y puedo hablar de ello sin temor a ser censurado o silenciado.

En resumen, Platzi me toma de la mano para que recorra el viaje del estudiante que se hace creador, en los medios no hago más que meterme a una infinity pool en la que yo mismo tendré que descifrar cómo hacer para convertir tanta información suelta en conocimiento.

Platzi, insisto, podría ser el próximo gran medio de comunicación.


Panmedials: ¿cómo entender a los nuevos medios?

En Panmedials, los medios de la pandemia, hablo sobre el modo en que han de configurarse los nuevos medios a partir de sus errores históricos.

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