Tendencia detectada: invertir en creadores, no en empresas

Los seres humanos buscan sponsors para hacer sus sueños realidad

Storybakers:

Antes de ir al envío de hoy quiero recomendarles escuchar mi plática con Javier España, Content Manager de Riot Games en Latinoamérica y pieza clave de la estrategia detrás del lanzamiento de Arcane, serie original de Netflix inspirada en el mundo de League of Legends.

A lo largo de la conversación, Javier menciona cómo fue que se decidieron a crear una narrativa que no sólo es cross-platform (como muchas) sino también cross-world y cross-game, lo que significa que la presencia de personajes o elementos relativos a Arcane apareció en los distintos mundos de sus propios títulos, como también por medio de colaboraciones con competidores, como ocurrió con el skin de Jinx en Fortnite, propiedad de Epic Games.

Javier suelta una verdad para la que hemos de estar preparados (como ya lo estuvieron los rankings de popularidad de Netflix en los días posteriores al estreno de Arcane): el futuro del entretenimiento es con los videojuegos en el centro.

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La Creator Economy: historias y briefing diario sobre la economía de los creadores que está cambiando al mundo

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Desde el metaverso: para entender la siguiente fase de nuestra existencia digital


¿Por qué la Creator Economy pondrá a los humanos en el centro de la atención para fondos de inversión?

En las negociaciones con fondos de inversión se escucha siempre lo mismo: antes que creer en el concepto que nos están presentando, creemos en ustedes (los emprendedores). Pero en la práctica son muchas las ocasiones en que esos mismos fondos de inversión frenan las inquietudes y visiones de los emprendedores cuando estos detectan que la oportunidad puede ir por otro lado, ya no en el proyecto que originalmente se había presentado.

Pese a que de inicio se menciona que hay una confianza absoluta en lo que los fundadores de una empresa puedan hacer, se les acota demasiado en su margen de maniobra en aras de conservar un foco que quizás en un mapa luzca como un camino más acertado que el de la exploración constante, pero que a la larga puede resultar menos útil dado que no se les permitió diversificarse tanto como hubiera requerido hasta encontrar la vía de mayor éxito.

Hasta hoy la lectura es la siguiente: el dinero se invirtió para una iniciativa específica, con estas proyecciones y con este modelo de negocio, si lo que pretendes se sale de eso que se estableció en el día 0 de las negociaciones, tendrás que convencer a un board que por lo general se armó con experiencia en eso que de inicio se suponía sería la empresa, por lo que será aún más complejo persuadirlos de que un camino alternativo puede ser la solución.

Este modelo, además, privilegia las posibilidades de gente con capacidades financieras y administrativas antes que las creativas. Para alguien que tiene un MBA será más fácil levantar dinero que para un creador de contenido al que se la ha ocurrido desarrollar una plataforma desde las oportunidades que ha detectado a partir de su experiencia y de los pain points de gente como él.

Vamos, que por más idealizado que se encuentra el mundo de los fondos de inversión, hoy son más los emprendedores de traje y corbata y los ingenieros que los que tienen una naturaleza creativa/artística pese a que estamos viviendo los primeros años del boom de la Creator Economy.

Por fortuna, a la luz de la demostración del poder del talento individual para amasar grandes comunidades y detonar oportunidades de negocios, esa inercia está cambiando, al menos en mercados de avanzada, y tendrá que cambiar tarde o temprano en Latinoamérica.

Si se consolida un modelo de inversión constante en creadores, estaremos hablando también de un auténtico modelo de inversión en seres humanos. Pasaríamos de esa afirmación queda bien en que se asegura que todo el apoyo está en los emprendedores aunque en el fondo sea más bien una convicción en las proyecciones que se han presentado, a una apuesta estratégica por las capacidades de una persona para identificar oportunidades que impacten a su audiencia, que generen ingresos y que contribuyan a la nueva configuración de la sociedad.

La Creator Economy individualizará como nunca antes la búsqueda y consecución de inversiones. Y esa, hemos de aceptarlo, es una buena noticia, para buscar que la gente con talento tenga oportunidades que se equiparen a las de quienes en muchas ocasiones nacieron con sponsors, entiéndase la herencia de los padres y toda una red de contactos a explotar para sacar adelante un proyecto.

Aquí les comparto un pequeño gran indicio…


¿Se vale invertir en todo lo que haga una persona como creadora de contenidos por 30 años?

Esa pregunta había sido parte de una serie de conversaciones recientes con amigos. Como parte de la Creator Economy, cada vez nos dábamos más cuenta de que para en verdad impulsar el ecosistema de creadores se requiere apoyar de forma directa a ese creador, que por la naturaleza misma de lo que hace no estará siempre apalancado a una misma empresa y ni siquiera a una misma área de especialización.

Desde Estados Unidos, Sam Lessin, quien fuera vicepresidente de producto de Facebook tras venderle una de las dos startups que creó en 2010, coincide con esa perspectiva y ha cerrado un acuerdo por 1.7 millones de dólares a cambio del 5% de lo que Marina Mogilko, youtuber de 31 años, pueda generar como creadora durante los próximos 30 años de su vida.

A Sam, esposo de Jessica Lessin, creadora de The Information, le han llovido críticas que lo señalan de proponer una nueva forma de esclavitud y de explotar a los creadores, pero él se defiende argumentando que en realidad se trata de lo contrario, ya que habilita que una persona pueda cumplir su recorrido creativo y atender sus inquietudes sin tener que estar limitado por el dinero, lo que suele ocurrir sobre todo cuando eres joven y aún no has logrado acumular la riqueza con años de vida económicamente activa.

A continuación algunos puntos para considerar por qué este esquema sí puede funcionar:

1) El creador de contenido necesita el punto de equilibrio:
un creador con un respaldo financiero detrás podrá dirigirse con una perspectiva más estratégica que aquel que vive con la soga en el cuello pensando en cómo hacer contenido mientras tiene que sobrevivir por otras vías.

Recordemos, como lo muestra esta gráfica de Dan Runcie, que en ese primer nivel de la Creator Economy se encuentran el 99% de las personas:

2) Un creador hará más de un proyecto: dado que un creador para diversificar su marca tiene una presencia multiplataforma, en la que en ocasiones va por vía independiente y otras tantas en colaboración con otros creadores y mediante alianzas con plataformas diversas, tiene sentido que desde los fondos de inversión se trate a la persona como si estuviera hablando con una empresa.

El propio Dan Runcie da con la clave al asegurar que “los artistas son fundadores”. Y además, pueden ser fundadores en serie dado que la natural construcción de comunidades que viene ligada a la vida de los creadores de contenido termina catapultando la posibilidad de habilitar puertas adicionales en el camino, como casos de diversificación tan grandes como los de Mr. Beast en Estados Unidos o Luisito Comunica en México y Latinoamérica, que cuenta con su propia marca de hamburguesas vía Ghost Kitchens en alianza con Rappi, con sus propios restaurantes y con su propia telefonía.

3) El creador requiere el patrocinio de sus inquietudes: un creador se enfrenta a la volatilidad constante de las propias plataformas tecnológicas y de las tendencias que a partir de ellas emergen.

Si asumir un compromiso de compartir el 5% de los ganancias durante los próximos 30 años pudiera parecer un abuso por parte de ese fondo de inversión, pensemos que esos ingresos permitirían al creador no sólo fortalecer aquello en lo que ya tiene un camino recorrido, sino incluso invertir en otro tipo de emprendimientos relacionados a la industria creativa o dedicar algo de tiempo a prepararse para lanzar contenido y soluciones para creadores en rubros aún inexplorados, como podría ser en este momento el traslado de la Web 2.0 a la Web 3.0, donde entraremos a la economía de la propiedad y la pertenencia, es decir, al reconocimiento de la aportación de las personas tanto a título personal como cuando sean parte de un esfuerzo colectivo.

Lo que propone Lessin no es distinto a cuando buscábamos que alguien nos comprará un boleto para una rifa estudiantil. Tampoco es distinto a cuando elegimos padrinos para aligerar el costo de una boda.

Los creadores de contenido, por buenos que sean, requieren de apoyo para pasar del primer nivel al segundo; y de ahí al tercero o al cuarto, de acuerdo a la estructura que plantea Dan Runcie sobre la Creator Economy. Los fondos de inversión buscan gente con capacidad para configurar el futuro y construir ingresos que les permitan actuar sobre eso que ronda por su cabeza. El match entre los creadores y los fondos es evidente: falta que Latinoamérica lo comprenda y que sí, que se logre aceptar que detrás de una mente creativa está no sólo el potencial fundador de una empresa, sino de todo un ecosistema que transforme su entorno.

Los dejo con esta gráfica vía Future: