WhatsApp, la nueva meca de la desinformación

Cuando no es Facebook es WhatsApp. Mientras Mark Zuckerberg y su equipo presumían la creación de su primer equipo concentrado en un “war room” para poder prevenir la interferencia en las elecciones de Estados Unidos y Brasil , un reporte del diario Folha en Brasil demostró cómo firmas de marketing local compraron miles de números telefónicos para bombardearlos con propaganda en contra de los candidatos de izquierda.

El equipo dedicado a proteger la seguridad de los usuarios, compuesto por data scientists, ingenieros, equipos legales y de operaciones comunitarias, sumados a las 20 mil personas que según Facebook velan por la calidad de los servicios entregados a los usuarios no fueron suficientes para que un 40% de la población brasileña (207 millones de personas) estuviera a salvo de las estrategias de manipulación ideada por las fuerzas políticas en Brasil.

Para limpiar su imagen, Facebook invitó a periodistas de distintos medios a conocer el trabajo que desarrollaban para controlar la divulgación de información falsa o tendenciosa, pero sitios como The Guardian y CNN manifestaron que, muy al estilo de FB, el tour estuvo lleno de generalidades y carente de específicos.

Seguridad o privacidad, el dilema de WhatsApp

A Facebook las acusaciones le caen en cascada. Como parte del mismo proceso electoral en Brasil, una corte ordenó la eliminación de 33 historias falsas relacionadas a Fernando Haddad, candidato del Partido de los Trabajadores. Pero para investigadores, la eliminación de esas historias es apenas un curita en medio de una herida muy grande.

Según la información de Folha, la inversión de las agencias digitales para hacerse de bases de datos alcanza contratos de 12 millones de reales (más de 3 millones de dólares) y contempla tanto el envío de propagando tanto a la base de datos de Jair Bolsonaro, candidato competidor de Fernando Haddad, como el acceso a las bases de datos de las agencias digitales, que ofrecen, en muchos de los casos, una segmentación por región.

Para WhatsApp, que también se ha visto en problemas tras disturbios sociales en la India, el deseo de controlar la información que se difunde plantea el dilema de elegir entre mantenerse fiel a la encriptación ofrecida a los usuarios o romper esa barrera, tener acceso a los mensajes recibidos por usuarios y moderar aquello que se envía. Sea cual sea la solución, otra vez quedará mal parado ante sus usuarios.

Las críticas en torno a la desinformación también han llegado a México. Circula con fuerza en estas horas un tuit de Kevin Roose, periodista del New York Times, en el que pone en evidencia cómo se está usando una imagen tomada en 2012 de un policía ensangrentado como si fuera producto de supuestos actos violentos de la caravana de centroamericanos que intentan ingresar a México.

La única ventaja para Facebook es, paradójicamente, la desinformación. Un estudio reveló que al menos un 50% de los usuarios en Estados Unidos, muchos de ellos con el antecedente de haber limitado o eliminado su uso de Facebook por sus problemas de seguridad, adoptaron WhatsApp como solución, sin saber que era parte de la misma compañía.